12.06.2010

Docenario guadalupano


Docenario guadalupano
Santa María de Guadalupe: liberadora y promotora de nuestras personas.Ella nos ayuda a liberarnos de las dificultades de la vida y nos enseña a superarlas. Hemos visto los días pasados algunos tipos de acciones liberadoras y promotoras de nuestra Madre para con nosotros. Sigamos profundizando en algunas otras más. Ella nos ayudará a vencer lo que se nos vaya presentando como obstáculo para seguir al Señor.Estamos rodeados de la naturaleza que nos ayuda a vivir normalmente. Pero hay veces que se interpone para lograr lo que queremos. Así le parecía a Juan Diego que le iba a suceder en el Tepeyac, "puesto que en la cumbre del cerrito no era lugar en que se dieran ningunas flores, sólo abundan los riscos, abrojos, espinas, nopales, mezquites" (N.M. 132). Esto no fue dificultad para la Virgen que le cumplió a Juan Diego darle flores en ese lugar. Ella tiene poder de parte de Dios para usarlo en nuestro bien. Confiemos en Ella. Santa María de Guadalupe, Flor de Dios del Tepeyac; cambia mis penas en rosas, Madre que sabes amar.

Segunda consideración: En nuestra vida las dificultades de la naturaleza son por el tiempo. Que si hay huracanes, que si nos llegó la gripa. En el tiempo de las Apariciones "entonces era el mes de Diciembre en que todo lo come, lo destruye el hielo." (N.M. 133). Una dificultad más que vencen Dios y María para darnos la señal grandiosa de las flores en el Tepeyac. Ellos nos enseñan a vencer nuestras dificultades y las que nos causa la naturaleza.

Tercera consideración: A veces las dificultades nos vienen por la falta de medios necesarios para alguna cosa. Esto nos provoca inseguridades y acciones imprevistas como cuando Juan Diego se encontró enfermo a su tío Juan Bernardino y tuvo que buscarle auxilio corporal y espiritual (N.M. 96-99). Si damos los pasos convenientes, Dios y María nos ayudarán a salir de esos aprietos.

Cuarta consideración: De vez en cuando las dificultades se nos presentan porque otros nos las provocan. En esos casos también Dios y María nos dan la mano y nos ayudan a perdonar. Así le pasó a Juan Diego cuando los servidores del Obispo "determinaron que si otra vez regresaba lo agarrarían y lo castigarían." (N.M. 87). Dios y María no permitieron que eso pasara y acreditaron a Juan Diego ante el Obispo Zumárraga.

Quinta consideración: En algunas ocasiones nuestras penas son lógicas pues ofendimos a nuestr@s herman@s directamente o al mismo Dios con nuestras actitudes, ingratitudes, dudas; esto nos hace andar tristes, serios, meditabundos o angustiados. Así se lo expresa Juan Diego a la Virgen: "Con pena angustiaré Tu rostro, Tu corazón. te hago saber, Muchachita mía, que un siervo Tuyo, tío mío, está muy grave." (N.M. 111). Ella lo escucha, consuela y le promete darle la salud al tío. Ella siempre estará de nuestro lado para ayudarnos y darnos nuevas esperanzas y alternativas.

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