12.04.2014

Docenario Jueves, 4 de diciembre de 2014 -

Docenario Jueves, 4 de diciembre de 2014 -
 
María de Guadalupe, Madre Reconciliadora. Ante tantos dolores sufridos por los indígenas en tiempos de Juan Diego, la Virgen va a venir a reconciliar a los distintos grupos indígenas entre sí enfrentados por muchas circunstancias y durante centenas de años, y con los nuevos conquistadores. Ella viene como abogada de paz y a pedir a todos su conversión para sanar las heridas profundas. Hoy está con nosotros y nos impulsa a hacer lo mismo. Cada quien, con sus diversas cualidades y capacidades, puede poner los suyos al servicio de los demás como lo hacen en la Imagen Guadalupana el sol, la luna, las estrellas, la tierra, el agua, las plantas y flores que supuestamente estaban enfrentados, al menos algunos de estos elementos, según lo entendían los indígenas de entonces. María llega y los reconcilia a todos en uno como aparecen estos elementos armónicamente en el ayate de Juan Diego y como atavío de María. Hoy nos unimos nosotros alrededor de Ella, ponemos nuestras cualidades personales, familiares y de grupos a sus órdenes y le decimos que nos organice, como aquella vez, para que México resucite a una vida nueva. Vamos a pedírselo con devoción (números del N.M. 185-191).
Primera consideración: El Obispo Zumárraga y sus acompañantes caen de rodillas ante la Imagen Guadalupana y le piden perdón. Ante el prodigio realizado por Dios ante sus propios ojos el Obispo y acompañantes caen de rodillas ante el ayate de Juan Diego, que está de pie ante ellos. Estos mismos le habían negado las oportunidades de comunicarse con el Obispo en varias ocasiones y éste no le había creído a aquél. Dios y María los ayudan para tener un inicio de reconciliación. Si nosotros estamos enfrentados con alguien demos el primer paso, como Jesús, como María. Jaculatoria apropiada para este día: Señor y Dios nuestro, ven a salvarnos: míranos con bondad y estaremos a salvo.
Segunda consideración: El Obispo le desata del cuello a Juan Diego el ayate en donde apareció María. Consideremos este momento en que el Obispo de México humildemente se acerca al indígena relegado y con toda devoción le quita el ayate para venerarlo. A veces tenemos que hacer signos muy tangibles de aprecio a las personas aunque no nos hayan caído bien en algunos momentos. Dios nos pide que nos acerquemos porque cada persona es digna de ser amada y respetada. Aprendamos y vivámoslo así.
Tercera consideración: El Obispo lleva a su propio oratorio a la imagen de María. Contemplemos la escena. Imaginemos el pequeño oratorio en donde don Fray Juan se arrodillaría todos los días para orar al Señor. Ahora lo hace ante María. Dios le respondió así a su súplica cuando le dijo al Rey que si el mismo Dios no intervenía todo se iría al caos. Y Dios lo escuchó, hizo el milagro y México vivió. Así puede suceder ahora ante tantas calamidades. Oremos ante Dios Misericordioso y ante María, la Omnipotencia suplicante. Oremos en especial por las autoridades del país, en especial por el Presidente, los gobernantes civiles y los Obispos.
Cuarta consideración: El Obispo todavía invitó a Juan Diego a que se quedara en su casa (N.M. 191). Dios y María trabajaron muy bien todo este Acontecimiento para que el corazón del Obispo se compadeciera -al estilo de Dios mismo y de María con el pueblo y con Juan Diego- y lograron algo increíble: el mismo Obispo de México -no un padrecito cualquiera- invitó a su súbdito indígena a quedarse con él, a comer, a cenar, a dormir y hasta a desayunar al día siguiente y a seguirlo hasta el sitio de la aparición. ¡Eso sí que fue conversión..! Alabemos a Dios y a María que son capaces de sacar de nosotros nuestro mejor tú para comunicarnos y reconciliarnos con quienes nos han ofendido o con aquello@s a quienes hemos ofendido.
Quinta consideración: Las intervenciones de Dios y de María en el Acontecimiento Guadalupano lograron que hubiera paz y reconciliación. Es admirable que Dios logre acontecimientos como éste en el mundo y que nosotros mismos hayamos sido testigos de lo que ha pasado con el muro de Berlín, con la caída de Ferdinand Marcos en Filipinas con el rezo del Rosario, y lo que pasó en Polonia con el movimiento de Solidaridad. Pongamos, como le dijo María a Juan Diego y al Obispo, “todo lo que esté de nuestra parte” (N.M. 37 y 142) y lograremos, junto con Ellos, la paz para nuestro país. Así será porque Dios y María siempre son fieles a su Alianza y a su amor por nosotros. Apoyos bíblicos: Ef 2, 11-22; Salmo 72(71); Heb 4, 14-16 y 5, 1-10; Lc 23, 32- 36. -

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