12.10.2014

Docenario Guadalupano Miércoles, 10 de diciembre de 2014 -

Docenario Guadalupano Miércoles, 10 de diciembre de 2014 -
 
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Dios y María de Guadalupe siempre nos sorprenderán, nos ayudarán y consolarán.
Ante las consideraciones que hemos venido haciendo ante la situación del país y nuestras fiestas guadalupanas, ante tanto dolor y el testimonio de María y de San Juan Diego a quien celebramos ayer, ¿qué luz nos pueden ofrecer la Sagrada Familia y la familia de San Juan Diego a este respecto? ¿Cómo vivieron su vida como conciudadanos, como quienes vivieron en un mismo sitio junto con otros, a veces nada cordiales, para hacer que la sociedad mantuviera grados altos de vida cívica entre sus miembros? Ellos nos ayuden a imitar y vivir las virtudes cívicas, tan necesarias en nuestro país y en todas nuestras ciudades y poblaciones.
 
Primera consideración: La Sagrada Familia cumplía sus deberes cívicos. Tenemos la certeza de lo bien cumplidos que eran María y José en acontecimientos ciudadanos como el censo que mandó hacer César Augusto en todos sus dominios. Gracias a la obediencia prestada a este acontecimiento cívico entre los israelitas se pudieron cumplir las profecías que decían que el Mesías nacería en Belén. Nos puede ayudar leer en San Lucas (2, 1-7 ) este acontecimiento. Por su lado, San Juan Diego y María Lucía habrán vivido los valores cívicos propios de sus tradiciones indígenas. Pidamos por todos los pueblos y naciones que hoy, todavía, son dominados por otras culturas ajenas. Jaculatoria: Santa María y San José, enséñenos a vivir las virtudes cívicas como le gusta a Él.
 
Segunda consideración: La Sagrada Familia y otras virtudes cívicas practicadas por ellos. En los pueblos la mayoría se conoce. Las virtudes o defectos quedan al descubierto con mucha facilidad. Imaginemos la limpieza del frente de la casa que habitaron Ellos, la recolección y eliminación o aprovechamiento de la basura cotidiana, el ofrecer apoyo a personas mayores o más necesitadas, el cumplimiento a los compromisos hechos, el trabajo realizado con honestidad y eficiencia, la colaboración en alguna campaña que posiblemente pudieron realizar por entonces. Imaginemos a la Sagrada Familia viviendo con amor y respeto todos estos valores cívicos. Lo mismo podemos imaginar en la familia de Juan Diego y María Lucía, pues en su cultura vivían muy fuertes valores civiles, muchos servicios comunitarios muy bien acogidos y llevados por toda la población. Preguntémonos qué valores cívicos podemos vivir más conscientemente como familias creyentes en el Dios comprometido que nos presentan la Virgen y Juan Diego. ¿Vivimos al estilo de la Familia del Señor, de la de Juan Diego?
 
Tercera consideración: Jesús pagó impuestos -o diezmos- como consta en el Evangelio. Nos debe maravillar y conmover el hecho de que el Hijo de Dios, Inspirador de la obra de la creación, tuviera que pagar impuestos para el templo. Es algo conmovedor y bellísima la manera de hacerlo: en esa ocasión le dijo a Pedro: “Qué te parece, Simón, ¿de quién cobran tasas o tributo los reyes, de sus hijos o de los extraños?”. Al contestar él: “De los extraños”, Jesús le dijo: “Por tanto, los hijos quedan libres. Pero para que no se escandalicen, vete al mar, echa el anzuelo y el primer pez que salga cógelo, ábrele la boca y encontrarás una moneda. Tómala y dala por ti y por Mí.” (Mt 17, 25-27). Esto se llama amistad, prudencia, solidaridad con el amigo, respeto de la debilidad de los otros, habilidad para conseguir lo necesario. Esto lo vivió Jesús en su casa y en su ministerio apostólico. Gocemos por tenerlo como nuestro Líder y Maestro..! ¡Lo que no habrán aprendido de Él sus Apóstoles y discípulos..!
 
 Cuarta consideración: Jesús cumplió con los ritos prescritos para la salud. Como buen ciudadano, con la conciencia de ser parte de un pueblo en camino, Jesús cumplió con las prescripciones médicas de salud de su tiempo para garantizar la salud colectiva y el bien de cada persona. Esto fue muy notable con los leprosos a quienes se les tenía fuera de la población, de la ciudad, para que no contaminaran a otros. Para reincorporarse a la comunidad tenían que presentarse ante las autoridades, ya libres del mal, para no contaminar a otros y para poder ser declarados sanos. Nos puede ayudar la lectura de San Lucas (8, 1-4). Alabemos al Señor “que todo lo hizo bien.” y procuremos hacer todo el bien que podamos, al estilo de la Sagrada Familia y de la familia de nuestro profeta mexicano y su familia.
 
Quinta consideración: Los discípulos del Señor aprendieron a llevar una vida comprometida con la comunidad como se lo había enseñado Jesús. El Señor formó a sus discípulos para el servicio de su pueblo. Al amar tanto a los suyos quiso dejarnos, a través de ellos y ellas, un testimonio de servicio a la comunidad local donde uno habita. Él los mandó a sanar, a curar, a proclamar el Reino de los hermanos y amigos en Él. Nos quiso hacer su carta de presentación como nos dice San Pablo: “Somos cartas escritas por Él.”. ¡Qué grande es nuestra responsabilidad como creyentes en Él para hacer una mejor ciudad, para que nuestras poblaciones sean ecológicamente sanas, para que haya un recto orden de acciones que lleven a garantizar el bien para todos! ¿Qué tan dispuestos estamos a colaborar con nuestros municipios para que haya más avances para todos? ¿Somos verdaderos emisarios de buenas noticias para los demás como lo fue el Señor Jesús? Pidamos a Nuestra Madre nos conceda ser magníficos ciudadanos. En el Acontecimiento Guadalupano, María vino a hacerse Una con nosotros, a decirnos que quiere “remediar, sanar, curar nuestras diferentes penas, miserias, dolores.” (N.M. 32). Por eso Dios le puso casa en el Tepeyac para que fuera conciudadana nuestra y así aprendiéramos a construir la Civilización de la justicia, la paz, la solidaridad fraterna. Así entendió Juan Diego que debía vivir por su pueblo en la ermita del Tepeyac y así lo realizó durante los siguientes 17 años después de las Apariciones. Como nos dice San Ignacio: agradezcamos tanto bien recibido: de Dios, de María, de nuestras familias, de las comunidades y pueblos donde nacimos y nos desarrollamos. Unamos nuestras fuerzas para lograr un México, un Yucatán más promovido socialmente para que otros tengan vida, la vida que nos inspira a todos el Señor Jesús. María nos dice, como a Juan Diego: “Anda, haz lo que esté de tu parte” (N.M. 37). ¡Manos a la obra!Apoyos bíblicos: Isaías 58, 6-12; Mt 10, 7-13; Hech 2, 42-47 y 4, 34-35.

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