12.09.2011

Docenario Guadalupano dia 9

Docenario Guadalupano

  9 diciembre 2011

Joaquín Gallo Reynoso, sacerdote jesuita

Los caminos de Dios, de María y de nosotros en el Acontecimiento
Guadalupano
Los caminos de San Juan Diego. Su fiesta. Hoy estamos de fiesta en todo México pues celebramos al primer héroe nacional reconocido desde su vida misma, San Juan Diego Cuauhtlatoatzin. Hoy consideraremos cómo Dios lo ayudó a recorrer los caminos a la santidad.

El 9 de diciembre de 1531 la Virgen María se le apareció dos veces en el Tepeyac: cuando inició su contacto personal y lo mandó al Obispo Zumárraga con su mensaje, y por la tarde, cuando Juan Diego le llevó la triste noticia de que el Obispo no les había hecho caso a ninguno de los dos. Ese día María le reconfirmó su misión y Juan Diego fue promovido para llenar la vocación a la que Dios lo había llamado. Acompañémoslo por sus caminos, él nos mostrará, y de manera especial a
l@s laic@s, cómo vivir santamente en la vida ordinaria.

Primera consideración: Los caminos normales de Juan Diego en su niñez y juventud.
Podemos estar seguros de que la vida infantil y juvenil de Juan Diego habrá sido como la de cualquier niño o joven indígena de la región de los lagos que circundaban a la gran ciudad de Tenochtitlán. En su querida población de Cuauhtitlán él habrá aprendido muchas cosas en el calmecac, tipo de escuela para los varones. Habrá aprendido, como todos ellos, a defenderse y a saber valerse por sí mismo. Habrá recibido su ayate como signo de crecimiento para poder integrarse a la vida social y productiva de su etnia. Habrá reverenciado al Dador de bienes, al dios cercano y señor de todo lo que los rodeaba con su protección. Agradezcamos a los padres de San Juan Diego que lo hayan enseñado a vivir como gente solidaria y laboriosa en su pueblo, y al Verdaderísimo Dios por su providencia que llevó a Juan Diego de niño y joven por estos caminos... Jaculatoria apropiada: San Juan Diego del Tepeyac, enséñanos a compartir lo nuestro con los demás…

Segunda consideración: Los caminos de Juan Diego en su vida matrimonial.
San Juan Diego, como todos los indígenas de su tiempo, habiendo alcanzado la edad acostumbrada de entonces para casarse, entre los 18 y 20 años, tuvo que escoger su pareja. Escogió a la joven Malintzin con quien se desposó según las tradiciones indígenas de su tiempo: habrán enlazado su ayate con el huipil de ella para significar su unión. Se convirtieron y fueron bautizados: ella como María Lucía y él como Juan Diego. Se casaron sacramentalmente por la Iglesia y de seguro habrán invitado a sus
hij@s a hacer lo mismo. De hecho, aparece una nieta suya como religiosa en un convento de Querétaro. Alabemos a Dios que inventó a la pareja humana como signo de su amor para sus pequeñ@s hij@s y por el testimonio de esta santa pareja...

Tercera consideración: El nuevo camino de Juan Diego al encontrarse con María en el Tepeyac. El 9 de diciembre de 1531, en su camino a México para recibir instrucción religiosa en Santiago Tlatelolco, la Virgen María le salió al paso a Juan Diego para descubrirle el plan que Dios tenía para que Ella pudiera tener su casita sagrada y allí atender a todas las personas como verdadera Madre.

Él había sido escogido como profeta de este Evangelio para toda América, y con el tiempo, para el mundo… María desde entonces, por la gracia y poder de Dios, convirtió nuestra historia y la de San Juan Diego en algo excepcional… Agradezcamos a Dios este designio suyo, y a María, su maravillosa colaboración y acción tan maternal…
Cuarta consideración: Los caminos de Juan Diego para encontrarse con el Obispo de México y la repercusión de su testimonio en la historia universal.

Juan Diego acogió el mensaje de María y le llevó la señal al Obispo, quien quedó conmocionado al recibir las rosas y el ayate bendito con la imagen maravillosa de Santa María de Guadalupe. Con razón el papa Benedicto XIV en el siglo XVII dijo ante una imagen de Ella, y por la narración que le hizo el jesuita Francisco López sobre las apariciones en el Tepeyac: “Dios no ha hecho cosa igual con ninguna otra nación”, frase tomada del Salmo 147, escrita originalmente para el primer Israel… Adoremos a Dios, autor de tales maravillas, y a nuestra Madre Amada por sus regalos tan cariñosos para todos nosotros.

Quinta consideración: Los diferentes caminos de la Iglesia para canonizar a San Juan Diego Cuauhtlatoatzin. Los caminos de la Iglesia para llegar a canonizar a alguien han sido muy difíciles en los últimos siglos y Juan Diego fue uno de los afectados. Desde su muerte en 1548 la gente comenzó a venerarlo pero por decisiones de los papas, a quienes eran venerados como santos, antes de ser canonizados debían de dejar de ser venerados. Esto interfirió por primera vez, como después el dominio español sobre los indígenas en la Colonia y posteriormente todas las persecuciones y guerras que sufrió la Iglesia. Fue hasta hace pocos años que fue beatificado, en 1990, y canonizado el 31 de julio de 2002. Así cumplió María lo que le había prometido como acción de gracias a él por sus servicios: “Ten por seguro que mucho agradeceré y te pagaré, te enriqueceré, te glorificaré y mucho merecerás con que Yo retribuya tu cansancio, tu servicio con que vas a solicitar el asunto al que te envío… Haz lo que esté de tu parte…” (N.M. 34-37). Más adelante, cuando Juan Diego está en dificultades para lograr el objetivo, le repite y añade con ternura: “Y sábete, hijito Mío, que Yo te pagaré tu cuidado y el trabajo y cansancio  que por Mí has emprendido” (92). Ella siempre amable, siempre generosa a favor nuestro y más cuando la servimos…

Aprendamos de Ella y de Juan Diego a amar y servir como Ellos y a esperar con alegría nuestra propia glorificación… Apoyos bíblicos: Is 52, 6-10; Salmo 1; Lc 2, 1-19; Jn 1, 35-51; 1Pe 5, 1-11.

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