1.12.2011

Docenario Guadalupano


Docenario Guadalupano
Por Joaquín Gallo Reynoso, sacerdote jesuita

Discipulado y misión en el Acontecimiento Guadalupano.

Santa María de Guadalupe y los principales actores del Acontecimiento GuadalupanoUn saludo cordial al iniciar este nuevo año y nuevo ciclo de aportes al Acontecimiento Guadalupano.

Vamos a comenzar un proceso que nos llevará a conocer cómo María, San Juan Diego, el Obispo Zumárraga, Juan Bernardino y el pueblo fueron viviendo su vocación de discípulos misioneros del Señor Jesús.Con esto apoyaremos a la misión continental que se está llevando al cabo en todos los países de América Latina y a nuestro propio Plan Pastoral de la Arquidiócesis de Yucatán para entender lo que Dios nos está pidiendo en nuestra vida ordinaria para que su Reino venga ya a nosotros.El documento de Aparecida de los Obispos Latinoamericanos —2007— nos pide que vivamos como verdaderos discípulos y misioneros del Señor Jesús a quien tratamos de servir.

Él nos iluminará nuestro caminar, y el Espíritu Santo nos impulsará para que vivamos estos valores para gloria del Padre y bien de todos.

Que el camino que vamos haciendo en nuestra diócesis para formar comunidades servidoras del Evangelio del Señor nos apoye para que los miembros de nuestra Iglesia local y las mujeres y hombres de buena voluntad de nuestro Estado encuentren en nosotros el apoyo solidario que andan buscando y se sientan atraídos a seguir de cerca al Señor Jesús.

La temática que desarrollaré, con el favor de Dios, durante este año es la del título de este enunciado: “Discipulado y misión en el Acontecimiento Guadalupano”, y cada mes iremos acentuando algún aspecto importante de este discipulado y esta misión.

En diciembre iniciamos en la diócesis el segundo camino de este año: camino a Ixmul, que está marcado por el deseo de convertirnos a Dios y al servicio de nuestros hermanos y hermanas. Pongamos lo que está de nuestra parte, como nos lo dice Santa María de Guadalupe, para que demos frutos de paz, de amor y reconciliación ante un México tan corrupto y violento. Ella nos acompañará con todo su amor y bondad para que podamos realizar nuestros ideales. Caminemos iluminados por el Señor de la Historia en este año especial para la diócesis, pues se cumplen 450 años de haber sido nombrado el primer Obispo para la antigua diócesis de Yucatán. Que esto nos comprometa más.

Primera consideración: Dios Padre nos envió a María al Tepeyac para darnos a Jesús.

Ella ha cumplido su misión durante estos 479 años de su presencia en México. El Padre Dios, “de quien viene todo lo bueno y perfecto” (St 1, 17), es quien envía a la misión que nos designa a cada un@. Él, como origen de todo bien, es el que nos envió a México a María para que Ella nos diera a Jesús, el “Fruto Bendito de Su vientre”, de manera muy especial en los inicios de México como nueva nación. Agradezcamos este plan al Padre y su amor materno a María. Jaculatoria: Padre Bueno, que nos enviaste a nuestra Madre al Tepeyac, enséñanos a amarla como hijos de verdad.

Segunda consideración: El Señor Jesús en el centro de la historia de México.

El Padre ha querido distinguir a México con una misión muy especial en el mundo para preparar la venida gloriosa del Señor.

Por esta razón México ha declarado a Cristo como Rey y Señor de la Patria. Su presencia en todo el país, desde la época de Juan Diego (N.M. 68-70; 75 y 113), evidencia el amor de México para quien es la Fuente de su vida.

Agradezcamos al Señor Jesús todo el amor, toda la luz que ha dado a nuestro país en estos casi cinco siglos de Historia.

Tercera consideración: El Espíritu Santo, conductor de la historia y promotor de discípulos misioneros. Como nos lo testimonia el libro de los Hechos de los Apóstoles, el que va conduciendo la historia de la Iglesia para bien de la humanidad es el Espíritu Santo, quien nos infunde valor, firmeza, perseverancia y fidelidad en el bien.

Acudamos a Él cada día con toda confianza para que nos guíe en nuestra misión como lo hizo en los inicios del Acontecimiento Guadalupano (N.M. 212-218).

Cuarta consideración: María, Verdadera discípula de Dios. Para ejercer su misión María acogió la Palabra Creadora de Dios y dio su consentimiento para que el Mesías llegara a la tierra. Como buena discípula del Espíritu Santo fue preparando el camino para el nacimiento del Señor y lo acompañó sabiamente, junto con San José, para que Jesús pudiera realizar su plena misión entre nosotros.

Así lo ha hecho en México desde el principio como lo vemos testificado en el Nican Mopohua. Agradezcámosle su humildad y su docilidad con el Espíritu Santo.

Quinta consideración: La misión materna espiritual de María y su acompañamiento a cada un@ de nosotros.

La misión de María, acogida desde su fe y amor a Dios, se vio amplificada con el don de la Maternidad Espiritual que Jesús le confirió desde la cruz y que la Santísima Trinidad le confirmó al enviarla como Madre universal al Tepeyac (N.M. 117-123).

Agradezcamos este plan magnífico de Dios y pongámonos bajo el amparo y protección de quien es nuestra Verdadera Madre espiritual.

Ella nos enseñe este año, en especial, a vivir nuestra vocación de discípulos y misioneros para gloria de Dios.Apoyos bíblicos: Lc 1, 26-38; Jn 19, 25-27; Hechos 1, 12-14; Documento de Aparecida 131, 132, 133 y 524.

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