4.12.2010

Docenario guadalupano


Docenario guadalupano

12/04/2010
Por el padre Joaquín Gallo Reynoso, sacerdote jesuita Aspectos sacerdotales en el acontecimiento Guadalupano: el sacerdocio glorioso de Cristo. Estamos en pleno tiempo pascual muy contentos por el triunfo definitivo y grandioso del Señor Jesús sobre el pecado, la muerte, el infierno. Los poderes del mal no pudieron ni podrán contra Él: es el Señor de la historia, el Gran Sacerdote Eterno que gloriosamente sigue su ministerio sacerdotal desde la gloria.Ningún sacerdote de esta tierra sigue ejerciendo su sacerdocio después de morir; con su muerte acaba esta función y apoyo especial para sus hermanos.Por el contrario, Cristo sigue ejerciendo su Sacerdocio por su propio poder para todos; sigue intercediendo por nosotros y entregándose al Padre para nuestra salvación. Este ministerio desde la gloria nos lo hace percibir, de algún modo, el libro del Apocalipsis de San Juan que nos presenta a Jesús como el Gran Sacerdote de la humanidad en un ambiente litúrgico impresionante. Vamos a disfrutar algunos detalles en las consideraciones que les propondré, y a conferirlas con algunos detalles importantes de la narración de las Apariciones de María en el Tepeyac, otra Pascua especial de Dios para el mundo con la originalidad de que María es la que aparece para presentar a su Hijo, el Gran Triunfador.Gocemos, además, estos aspectos triunfales, con el gusto de la inmediatez de la fiesta y celebración de Jesús, el Señor de la Misericordia, en quien plenamente confiamos. A Él la gloria y alabanza por los siglos. Pidamos en este día de manera especial por los que no hayan podido o querido vivir una Semana Santa, especialmente por quienes hacen daño intencionalmente a otros en nuestro país y Estado, para que en su misericordia el Señor les abra los caminos hacia Él, con la fuerza del Espíritu Santo, quien nos asiste especialmente en este tiempo de Pascua.Primera consideración: Cristo es el Mesías–Sacerdote Eterno Glorioso. Imaginemos a Jesús como nos lo presenta Juan en el Apocalipsis en su grandiosa majestad: “Vi una figura humana, vestida de larga túnica, el pecho ceñido con un cinturón de oro; cabeza y cabellos blancos como la lana blanca o como la nieve, los ojos como llama de fuego, los pies como de bronce brillante y acrisolado, la voz como de aguas torrenciales. Su aspecto como el sol brillando con toda su fuerza. Al verlo caí a sus pies, pero él me dijo: 'No temas. Yo soy el Primero y el último, el que vive; estuve muerto y ahora ves que estoy vivo por los siglos de los siglos…'” (Apoc 1, 13-18). También nosotros postrémonos ante Él mientras rezamos las Avemarías o meditamos esta consideración.Jaculatoria para este día: Jesús, Sacerdote Glorioso y Eterno, condúcenos con tu poder a la gloria eterna; amén. Segunda consideración: La Virgen María aparece en el Tepeyac feliz y gloriosa. Vale la pena recordar y comparar las frases del Nican Mopohua con la presentación de Jesús en el Apocalipsis cuando nos presenta a la Virgen en su gloriosa aparición a Juan Diego en el Tepeyac: “… y cuando iba a llegar a la cumbre del cerrillo, cuando lo vio una Doncella que allí estaba de pie, lo llamó para que fuera cerca de Ella. Mucho admiró en qué manera sobre toda ponderación aventajaba su perfecta grandeza: su vestido relucía como el sol, como que reverberaba, y la piedra, el risco en el que estaba de pie, como que lanzaba rayos; el resplandor de Ella era como de piedras preciosas. La tierra como que relumbraba con los resplandores del arcoiris en la niebla, los nopales y demás hierbecillas que allí se suelen dar parecían como esmeraldas.“En su presencia se postró. Escuchó su aliento, su palabra muy afable, como de quien lo atraía y estimaba mucho…” (N.M. 14-22).Contemplemos llenos de gozo esta escena de la Madre Gloriosa del Eterno y Glorioso Sacerdote quien nos lo vino a traer con tanto amor y solicitud a México… Tercera consideración: El Señor Jesús, nuestro Libertador, es el verdadero Cordero; es el modelo de los sacerdotes, sus imágenes. En el Apocalipsis aparece el Señor como “el Cordero degollado” que nos liberó del poder del pecado, de la muerte y de los enemigos insaciables de la humanidad. Este “Cordero” que nos ha apacentado a quienes lo hemos querido recibir de manera especial en las celebraciones eucarísticas. Él, el sacerdote entregado al Padre para nuestra salvación y modelo de todos los sacerdotes que lo entregamos en cada misa a quienes desean recibirlo con amor. Por esta comunión sacramental y cotidiana con Él dice de nosotros Juan Diego, tan sorprendentemente, que somos “sus imágenes”. Pidamos hoy por todos los sacerdotes en estos momentos tan dolorosos en que hermanos nuestros sacerdotes han fallado tan tristemente en su celibato y en el control de sus pasiones carnales y en la consagración que ofrecieron a Dios y al pueblo para que vuelvan a la fidelidad prometida. Cuarta consideración: Las bodas del Cordero y la Alianza en el Tepeyac. El Plan de Dios respecto a la humanidad es que todos formemos parte de su familia, que queramos compartir con Él su gloria eterna. Nada puede ser más consolador que este deseo divino de ofrecernos su máximo gozo y gloria.Con este objetivo Jesús vino a ofrecernos su alianza, una Alianza de estilo matrimonial con el sello del amor, vida y fecundidad propios de cada matrimonio.Él se vino a desposar con la humanidad para que todos podamos llegar a vivir su misma vida en nosotros; es más, para que Él la pueda vivir en cada uno de nosotros y en la comunidad mundial su propia vida, su infinito amor. Esto desborda cualquier consideración, cualquier imaginación, es la máxima aspiración que cada uno de nosotros puede desear, la mayor gloria por alcanzar.Y este don, Dios lo viene a patentizar en la Alianza que nos ha venido a ofrecer a nuestra propia tierra, a través de la intervención gloriosa de Nuestra Madre. Cuando Ella le da a Juan Diego las flores le está garantizando la verdad de su Alianza, de que en esa Alianza estaba Dios comprometido.Y como testigo de todo esto Dios escogió al Obispo, delegado suyo, para que autentificara la magnitud de esta Alianza. Sintámonos privilegiados de ser parte de esta Alianza en este año especial del Bicentenario.Quinta consideración. A Cristo el Señor, el Glorificado por el Padre, la Gloria y la alabanza. En la narración original de las Apariciones figura que todo el pueblo alababa a Dios y a María por lo acontecido en México en ese maravilloso diciembre de 1531.María había traído a Cristo a esos pueblos que habían perdido toda esperanza. Él había llegado, a través de Ella, como la Gran Luz, la Gran Raíz a la que ellos se podrían ligar para siempre con la seguridad total de su amor y de su capacidad de darle sentido a su existencia que ya habían perdido después del trauma horrible de la Conquista.Él, Cristo, Sacerdote Glorioso, venía en el vientre de su Madre para dar vida en abundancia a millones de personas que habían perdido la esperanza.El que había muerto por nosotros ahora aparecía inmortal y glorioso, y como aliado para siempre, con ese pueblo que le había querido ser fiel en sus antiguas concepciones de Dios y del culto que había que ofrecerle hasta la entrega de la propia vida y de la de las personas amadas. Ahora entendían que el Aliado no pedía muertes ni corazones ofrecidos sacrificialmente, sino corazones ardiendo de amor por los demás en su nombre y a su imagen y semejanza. Alabemos, adoremos y glorifiquemos a este Dios que tanto nos ha amado con alguno de los cánticos del Apocalipsis (5, 9-10; 11,16-17; 19, 10-11).Apoyos Bíblicos.— F 2, 4-6; Col 1, 12-14; Heb 7, 24-27; 10, 12-14.* * * Alabemos infinitamente a quien está sentado en el Trono y a Su “Cordero”

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