10.12.2009

Docenario guadalupano


Docenario guadalupano POR EL PRESBÍTERO JOAQUÍN GALLO REYNOSO S.I.12/10/2009
La Sagrada Familia y el Acontecimiento Guadalupano: Familias misioneras, fuentes de vocaciones
Estamos en octubre, un mes con valores étnicos ancestrales, pues celebramos los valores indígenas y también los que recibimos de las tradiciones europeas y de Israel. Mes que se celebra en la ciudad de México, y de manera muy especial en el Tepeyac, con ricos antojos y un colorido impresionante con la cantidad de danzantes. Regocijos también para los oídos al escuchar los instrumentos antiguos: atabales, chirimías y otros muchos, tan naturales como el sonido de las colas de la víbora de cascabel con la magia de los cascabeles.
Es también la fiesta de las rosas, cuando se bendicen millares de millares y se mandan a los pueblos hispánicos como signo de fraternidad en muchos conceptos.
Gocemos el mes y unámonos a todos los festejos preparatorios para nuestra gran fiesta nacional del 12 de diciembre, tan profunda y más antigua que la de la Independencia.
Hemos tenido muchas malas noticias en el mes pasado, tanto del país como de tantos otros que han sufrido los embates de la naturaleza. Oramos por nuestros hermanos en desgracia y pedimos que aminoren estas calamidades naturales.
El tercer domingo de este mes celebraremos a nivel mundial el Domingo de las Misiones; por este motivo nos adentramos en este aspecto tan trascendente para nuestras familias, discípulas y misioneras del Señor. Además, en nuestras diócesis del Sureste hemos estado celebrando la Semana de la Familia como fuente y semillero de vocaciones; sin estas dimensiones, nuestras familias quedarían truncas en su vocación primordial de personas plenas, y, en nuestro caso, de verdaderos candidatos a la santidad. Protejamos este patrimonio natural y divino como es lógico hacer para quienes somos familiares de la Familia Divina; a las Tres Divinas Personas, todo el honor y la gloria por siempre. Vamos a dedicar nuestras consideraciones a reflexionar en los valores de la familia como enraizada en su pueblo, como quien forma personas y las ayuda a descubrir su vocación, al estilo de La Sagrada Familia y de la familia de San Juan Diego.


Primera consideración: Dios convocó y fundó al pueblo de Israel para que fuera su misionero y diera a conocer a otros pueblos que era el único Dios y que Él tenía un plan de salvación para todos Dios hizo su pueblo. Le dijo en repetidas ocasiones: “Yo seré tu Dios y tú serás mi pueblo” (Ez. 36,28). Hizo la alianza más fuerte que se conozca en la antigüedad y de verdad fue su Salvador, y el que lo guió hasta la tierra prometida donde lo asentó en Jerusalén como capital y todo lo que hoy es Israel. Esto lo vivió de tal manera el pueblo de Israel que se burlaba de los dioses paganos que eran nada ante Yahvé-Dios, el santo de Israel.
Así lo proclamó tanto en los destierros que sufrió debido a grandes imperios como también a la diáspora normal que sucede en todos los pueblos y reinos de la Tierra por muy diversas circunstancias.
Curiosamente, el pueblo escogido en México por Dios para que fundara una ciudad especial en donde sería manifestado el Nuevo Sol Divino fue guiado por Dios y muy admirado por otros pueblos. Ellos también proclamaron la existencia de un solo Dios: Ometeotl. Y fundaron México-Tenochtitlán en donde Jesús llegaría por medio de María en el Tepeyac. Admiremos el Plan de Dios siempre sorprendente.
Jaculatoria para este día: Dios nos hizo un pueblo misionero.
Para que proclamemos su amor y su salvación por todo el mundo.


Segunda consideración: María y José recibieron del pueblo escogido la tradición de comunicar a otros la bondad y misericordia de Dios para con todos Durante siglos, los israelitas tuvieron la certeza del amor de Dios para todos ellos. Fueron testigos de cómo los introdujo en la tierra prometida y los regresó a ella cuando fue necesario. De esas experiencias nacieron las celebraciones sorprendentes de Israel y sus peregrinaciones a la ciudad santa de Jerusalén.
María y José vivieron estas tradiciones durante su niñez y juventud, desde el inicio de su vida matrimonial, inclusive cuando tuvieron que huir a Egipto, donde pudieron compartir estas tradiciones y las convivieron con Jesús en el exilio durante varios años.
Así, junto a ellos, Él se fue formando en las grandes tradiciones de Israel y en su silencio infantil fue testigo del amor del Padre. Quizá compartió estos valores con niños egipcios. En México, María también traerá a Jesús, a personas, como a Juan Diego, a quien se dirigió como a “su hijito”. Ella, la gran misionera de Jesús y del amor de Dios para todos. Pidámosle un conocimiento profundo de Él.


Tercera consideración: La Virgen María y San José prepararon el camino para que Jesús realizara su vocación como gran misionero del Padre.
Al convivir tantos años con sus padres, Jesús fue asimilando todos los valores del pueblo elegido. Luego, después de su bautismo, fue proclamador del Reino del Padre, de quien fue su gran misionero. Toda esa proclamación vigorosa del Señor estuvo fundamentada en la alianza hecha con Israel por Dios-Amor que siempre les fue fiel, siempre les cumplió, y en Cristo evidenció su amor por nosotros. Alabemos a nuestro Dios, el santo de Israel, el que nos ama y vive entre nosotros.


Cuarta consideración: El Señor Jesús llamó, convirtió y formó a sus discípulos como verdaderos misioneros.
En muchos pasajes de los Evangelios encontramos al Señor Jesús capacitando a sus apóstoles como misioneros suyos. Ellos fueron alentados, instruidos, corregidos por el Señor para irlos capacitando como buenos proclamadores del Reino de Dios. Los mandaba de dos en dos, y añadió a otros 72 para que proclamaran hasta por los caminos de Israel la salvación que había llegado en Él a Israel y al mundo.
Entre los discípulos que lo acompañaban estaban también la Virgen y otras mujeres, como cosa inaudita. En el Acontecimiento Guadalupano María siguió su labor misionera capacitando a Juan Diego, al obispo y al pueblo para que aprendieran a ser misioneros de Dios. Tan bien lo hizo que los misioneros de esa época no entendían cómo tantos indígenas solicitaban el bautismo. Ella sigue presente, con su amor inigualable, como misionera de Dios entre nosotros. ¡Alabemos a María, nuestra sin igual misionera! Quinta consideración: Las primeras comunidades cristianas, alentadas y fortalecidas por el Espíritu Santo, fueron fecundas capacitadoras de vocaciones misioneras de la Buena Noticia. Después de la resurrección y glorificación de Jesús, el Espíritu Santo se hizo sentir como el gran misionero del Padre y del Hijo. Él fue enviado para convocar a los dispersos en las naciones y formar una sola gran familia entre todos los habitantes de la Tierra. Desde Pentecostés sigue llamando a formar la unidad de los hijos de Dios según el modelo de Cristo. La Iglesia, llamada por Dios para ser signo y presencia de su salvación, prolonga en el tiempo lo que su fundador fue realizando durante su estancia en la Tierra.
Hoy nos toca a todos seguir llamando a otros a que conozcan, amen y sirvan a Dios proclamando la buena noticia de nuestra salvación. Todos estamos llamados a ser colaboradores de Cristo y del Espíritu Santo para gloria del Padre.


Las familias son las grandes formadoras de personas, a ellas se les ha confiado la educación primaria de los hijos en las raíces más hondas del humanismo cristiano. Dicen nuestros obispos del Sureste al convocarnos a la Semana de la Familia: “La familia, como realidad social y de Iglesia, tiene una importancia singular. Es en la familia donde la persona conoce el amor a través de la dedicación de sus padres y de la acogida que le brindan los demás miembros de ella. Es en la familia donde se educa a los hijos e hijas en ese conjunto de valores que les permitirán vivir la vida personal y comunitaria de una manera positiva. La familia es la primera escuela de comunión, de participación y de fe. Es el primer lugar donde la fe en Dios se escucha y se conoce a la persona de Jesucristo. Es el primer espacio para tener un encuentro personal con Cristo vivo. Es el lugar privilegiado donde la palabra y actitud de servicio se aprende y se hace realidad. Es el lugar donde se aprende a colaborar y a ser corresponsables con la comunidad”. Estos párrafos pueden iluminar mucho a nuestras familias.


Pensemos en el ejemplo de Juan Diego de cómo se hizo cargo de su tío Juan Bernardino, cómo lo atendió y cómo los dos fueron los primeros llamados por Dios y María para ser misioneros entre sus hermanos indígenas. Glorifiquemos a Dios y a María que hacen estas maravillas.
Pensemos y sintamos que María sigue acompañando a la Iglesia en este caminar y que así lo vino a demostrar en México cuando ha convocado a millones, durante siglos, para ser dignos mensajeros de la buena noticia de su primogénito. Ella nos ayude, como a Juan Diego, a vivir nuestra vocación y misión y que les ayude a todas las familias a seguir educando a sus hijos en esta gran tradición cristina.
Textos Bíblicos: Is. 43,1-13 Sab. 9,1-18 Mt 10,1-15 Jn. 17, 1-26 Hech. 2,43-47 ** Llamados, con la Sagrada Familia, a ser familias misioneras, fuentes de vocaciones. **

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