12.11.2012

Docenario Guadalupano dia 11

Docenario Guadalupano

La Virgen María, por voluntad de Dios, es nuestra Amorosa Madre
Bienvenida y canto inicial.
Durante algunos días hemos profundizado sobre distintos aspectos del Acontecimiento Guadalupano para conocer más a fondo su significado internacional.
Hoy nos detendremos en algo central y muy consolador: Dios envió a María a América en el momento en que la mayoría de sus pobladores estaba desolado ante los efectos de la Conquista española y portuguesa. Él, compadecido y siguiendo su Plan de Salvación universal, envía a María como Madre de todos para consolar, sanar, devolver la esperanza a sus hijos como lo hacen las buenas mamás. Ella ha venido a ejercer de una manera maravillosa su especial maternidad espiritual sobre esos hijos suyos tan desalentados ante la realidad que vivían.
Alabemos a Dios que así lo decidió, y a María, que ha manifestado su amor materno a tantas generaciones desde el Tepeyac y que hemos disfrutado nosotros mismos con su ternura, amor, compasión, auxilio y defensa que nos ha dado a todos y que se comprometió a darnos cuando así se lo dijo a Juan Diego: “Soy su piadosa Madre, tuya y de todos los habitantes de estas tierras y de cuantos en mí confíen…” (N.M. 29-31). Nos acompañarán este día el apóstol San Bartolomé, llamado anteriormente Natanael, a quien elogió Jesús al decir que era un hombre sin doblez (Jn 1, 47), y San Ignacio de Loyola, otro hombre de cuerpo entero que nos ha ayudado a miles de miles con sus ejercicios espirituales…
Primera consideración: María conoce a cada uno y se preocupa por nosotros (N.M. 23, 91 y 120). Cuando María se le presenta a Juan Diego por primera vez, lo llama por su nombre, le pregunta cómo está y luego le da referencias concretas sobre el Obispo Zumárraga y el tío Juan Bernardino; eso nos está hablando del conocimiento y preocupación que tiene nuestra Madre Santísima por cada uno. Agradezcámosle a Dios que nos la haya dado como Madre y a Ella que nos tenga en su corazón.
Segunda consideración: María conoce nuestras miserias, penas y dolores y viene a remediarlas (N.M. 32, 53-56; 9.4-96; 118 y 200-203). Nuestra Madre, como las buenas mamás, no es conformista, no puede aceptar que sus hijos estemos mal. Ella sale al encuentro oportuno para llenarnos de vida. Así lo hizo con Jesús todo el tiempo que vivieron juntos, en sus recorridos apostólicos y en la cruz. Confiémosle nuestras penas, angustias y dolores y Ella nos entenderá y atenderá muy bien.
Tercera consideración: María nos ama cariñosa y piadosamente a cada uno de nosotros (N.M. 118-119). La frase más bella de nuestra Madre a San Juan Diego es la que hoy nos dice a cada uno; escuchémosla y sintámosla en nuestro corazón: “¿No estoy Yo aquí, que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra y resguardo? ¿No soy Yo la fuente de tu alegría? ¿No estás en el hueco de mi manto, en el cruce de mis brazos? ¿Tienes necesidad de alguna otra cosa..?”. Gocemos.
Cuarta consideración: María siempre está cercana a todos. (15, 27-29; 33, 47-48; 93; 103-107). Toda mamá quiere estar cerca de sus hijos, sobre todo si están en algún problema o angustia. ¡Cuánto más nuestra Madre celestial que conoce la profundidad de nuestros corazones y de nuestras penas! Siempre la sentiremos cercana como lo constató Juan Diego y como nosotros mismos lo hemos experimentado, en nuestra vida. Cuando él regresa de la primera entrevista con el Obispo, ya Ella lo está esperando; cuando va presuroso a conseguir un sacerdote para su tío Juan Bernardino, Ella le sale al paso para manifestarle su amor y cercanía.
Cuando ahora vamos miles a la Basílica del Tepeyac a todos nos atiende y escucha.
Reconozcamos esta cercanía y agradezcámosela.
Quinta consideración: María manifiesta su maternidad espiritual a todos, de una manera especial en el Tepeyac (N.M. 26-33; 212-216).
Es notable la afluencia diaria de personas al Tepeyac; pero lo más notable es que son de muchísimos países y muchos coinciden en que allí se experimenta la presencia amorosa de nuestra Madre celestial. ¡Cuántas personas hemos conocido de distintos países que en sus viajes internacionales pasan por México para ver a la Morenita o para cumplirle las mandas o promesas que le han hecho de visitarla personalmente en el Tepeyac! Lo que le dijo Jesús a San Juan Evangelista al pie de la cruz lo sigue diciendo a diario a cada uno de los que vamos con Ella: “Ahí tienes a tu Madre” (Jn 19, 27), y le dice a Ella: Ahí tienes a todos estos hijos tuyos, mis hermanos, para que los atiendas… Y Ella nos dice: “Hagan lo que Él les diga” (Jn 2, 5).
Sí, Dios la envió para ponerle su casa en la Tierra y tenemos la dicha de que sea en nuestra tierra… mientras estamos esperando la gloriosa venida de Nuestro Salvador, Jesucristo, como decimos en la misa todos los días. Gocemos estos regalos de Dios y de María y trabajemos por lo que nos pide.
Lecturas bíblicas y comentarios: Mc 1, 29-34 y 40-45; 2, 1-12 y 15-17; 6, 34-44; Jn 11, 1-45. Oraciones complementarias y letanías. Jaculatoria. Guía: Tú, que para nuestra dicha, viniste al Tepeyac; todos: danos, todos nuestros días, tu cariño maternal. Acuerdos, oración final y canto de despedida.

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