7.12.2014

DOCENARIO GUADALUPANO
 

Por Padre Joaquín Gallo Reynoso, sacerdote jesuita
Creo en el Espíritu Santo que habló por los profetas y por Santa María.
Querid@s herman@s: Estamos en el día de la peregrinación de la Arquidiócesis para visitar a Nuestra Madre Santísima María de Guadalupe. Habrá peregrinos que nos estacionaremos allí todo el día para visitar las diferentes capillas, el cerrito, el museo y tantos lugares tan significativos no solamente para México y América sino para todo el mundo.
El Espíritu Santo, dador de vida, es quien ha elegido los lugares, tiempos y personas para que hagan las obras que el Padre quiere. Él fue preparando el Acontecimiento Guadalupano en América como fue preparando en Asia la llegada del Señor Jesús a Israel. Hoy celebramos, a nivel arquidiocesano, la alianza que las Tres Divinas Personas han hecho con todo el mundo de una manera especial en este lugar y a través de Santa María de Guadalupe. Los invitamos a hacer su visita espiritual desde Yucatán. Nos unimos en oración por este estado tan bendecido por Dios y tan querido para todos nosotros.
Primera consideración: Santa María de Guadalupe nos ha visitado… Hemos de estar muy felices y agradecidos de que Dios haya escogido este lugar tan privilegiado para mostrarnos su infinito amor, su preocupación y solidaridad por nosotros. “Ella fue enviada por Dios, el Amor, que hizo la Alianza con nuestra nación…”, como cantamos en “Reina de la nación”. Su visita es como la que hizo con Isabel; allá se quedó tres meses, aquí casi cinco siglos. Agradezcamos.
Jaculatoria apropiada: Santa María de Guadalupe, Señora del Tepeyac; acógenos en tu regazo, Madre sin igual.
Segunda consideración: La Virgen llegó en el momento preciso. Dios siempre hace las cosas bien en el tiempo previsto y con las personas adecuadas. El obispo Zumárraga había escrito una carta al Rey de España para decirle que si Dios no intervenía de una manera clara en ese tiempo todo el esfuerzo de la evangelización y de la promoción de los indígenas se iría a pique… Dios ya tenía previsto todo y nos mandó a su Embajadora Estrella con el delegado que Él había escogido: fray Juan de Zumárraga, quien sería el receptor responsable del mensaje… Y para los indígenas era el día en que llegaría —como llegó, pero divinamente— el Quinto Sol… Alabemos a Dios…
Tercera consideración: La Virgen vino a traernos a Jesús y con Él, la buena noticia de la existencia del verdaderísimo Dios por quien vivimos.
El mundo indígena de Juan Diego y sus contemporáneos estaba en una crisis total. Ya no podían creer en sus antiguos dioses que, según ellos, les habían fallado. Quiebras por todas partes: salud, cultura, religión, sistemas políticos y económicos, todo abajo… Una derrota total… ¡Y llega la Gran Luz, Jesús, con Santa María de Guadalupe para ampliar sus horizontes, sanar, consolar, convalidar! ¡Volvió la vida al pueblo y se entregó totalmente al amor limpio y reverencial a Santa María del Tepeyac..! Somos herederos de esta entrega y responsables de seguir sosteniendo este compromiso y alianza con Dios y María. Oremos para que así lo hagamos.
Facilidad
Cuarta consideración: María de Guadalupe vino a hacernos Iglesia… El mundo indígena no tenía la menor noticia sobre Jesucristo ni sobre la Iglesia. La labor de los evangelizadores europeos era muy difícil ante la variedad de culturas, lenguas, costumbres que se daban en América. Sus rituales a la divinidad eran inventos humanos sin un sustento como el de los que somos cristianos católicos con todas nuestras experiencias y simbolismos. Nuestra Madre vino a facilitar el encuentro de culturas simplemente en su manera de estar ataviada y con el lenguaje del amor que nos habló desde entonces.
Acogió a los desheredados, les habló al corazón, hizo suyas sus penas y necesidades y se quedó entre todos para hacer su casa-hogar, reconciliar y animar, promover y darle a cada quien su lugar.
Reconozcamos su capacidad tan creativa, hermosa y tierna y agradezcamos su permanencia materna entre nosotros.
Quinta consideración: Disfrutamos los sitios de veneración del Tepeyac como tierra sagrada, tierra de la alianza de Dios con México, América y el mundo. Estamos en las inmediaciones del Tepeyac. Contemplamos el cerrito y la capilla de las Rosas donde se las encontró y cortó Juan Diego; bajamos al sitio donde se encontró con María para entregárselas y pasamos a la capilla de indios, hoy capilla de San Juan Diego. Aquí nos encontramos el primer lugar donde estuvo el ayate bendito con la santa imagen guadalupana en el siglo XVI y pasamos al que hoy se llama templo de Capuchinas, donde permaneció la imagen después de la capilla de indios. Imágenes muy bellas de San Joaquín y Santa Ana que acompañan a la Sagrada Familia en una pintura moderna y famosa de esta familia con Ella vestida de guadalupana. Nos vamos a la antigua colegiata y basílica de los siglos XVIII-XX, donde nos encontramos con Jesús en la Eucaristía en su templo expiatorio Tepeyasense. Y nos dirigimos a la nueva basílica con su figura de tienda de campaña, o para acampar, junto con nuestra Madre Amada mientras estamos esperando la venida gloriosa del Señor. Aquí permanecemos con Ella, le decimos lo mucho que la amamos, le hablamos, la bendecimos, le damos gracias… Pasamos debajo de Ella, la vemos y nos mira con “todo su amor y compasión” y creemos con Juan Diego que ya estamos en el paraíso terrenal… Aquí nos quedamos con Ella, el corazón latiendo fuerte y alegre…
Citas bíblicas de apoyo: Is 9, 1-6 y 35, 1-10; Mt 10, 1-16; Jn 2, 1-12; Apoc 12, 1-2 y 21, 1-7.
Fechas marianas de este mes: 4, Nuestra Señora del Refugio; 9, Nuestra Señora de los Prodigios, en Italia, y Nuestra Señora de Chiquinquirá, Patrona de Colombia; 16, Nuestra Señora del Carmen.

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