7.12.2010

Docenario guadalupano


Docenario guadalupano

el padre Joaquín Gallo Reynoso, sacerdote jesuita
12/07/2010
El Bicentenario: Dios, Santa María de Guadalupe y México.

Antecedentes indígenas En este mes, una vez terminado el Año Sacerdotal, el proceso de las elecciones del país y el campeonato mundial de fútbol, iniciaremos una nueva ”cuenta“, como dirían los antepasados mayas, nahuas y toltecas, en nuestras reflexiones mensuales ofrecidas a través del Docenario Mensual Guadalupano hasta fin de año.

En este semestre reflexionaremos y oraremos sobre nuestra identidad como nación, como mexicanos. Y esto a partir de una elección divina de parte de Dios para con nosotros, mexicanos, y con esta parte occidental del mundo. Será un tiempo en que recibiremos muchos bombardeos de todos tipos, colores y sabores para considerar quiénes somos y qué queremos en este país con forma de cuerno de la abundancia y, por otro lado, sometido a barbaries económicas, políticas, sociales y ambientales sin cuento.Iniciaremos con nuestros ancestros indígenas que configuraron la parte central del México de hoy y que fueron elegidos por Dios Padre para prepararle el camino a su Hijo en esta parte de nuestro mundo.

En otros meses iremos viendo la evolución de nuestro país hasta ahora. Ojalá nos entusiasmemos al tomar conciencia de las potencialidades que Dios puso en nosotros y al seguir constatando cómo María nos acompaña en esta época privilegiada de la historia mundial.Nota: Les recuerdo que N.M., que voy a estar citando, quiere decir Nican Mopohua, el relato original del indígena Antonio Valeriano sobre las apariciones de la Virgen de Guadalupe en el Tepeyac.


Primera consideración. Dios Providente escoge un lugar, un pueblo, un mestizaje. Lo que hoy somos viene en línea directa desde Dios “porque Él nos amó primero”(1 Jn, 4,19).

Desde el siglo XII un pueblo de la costa noroccidental de nuestro país, a los que hoy llamamos aztecas, fue llamado a dejar su tierra para llevar al cabo un plan que Dios les mostró cuando les señaló el lugar al que debían de llegar, en donde encontrarían, en medio del lago, a un águila devorando una serpiente; ésa sería la tierra prometida.El pueblo se puso en marcha comandado por Tenoch y llegó, muchos años después, al lugar prometido.

Un pueblo, con vocación Divina, como el antiguo Israel. Y Dios, como siempre, cumplió su promesa.

Jaculatoria: somos pueblo escogido por Dios para realizar su alianza; alabemos, con nuestras obras, al que tanto nos ama…


Segunda consideración: Dios, con flores y cantos, inició una nueva historia. El pueblo escogido vio con alegría cómo Dios estaba con ellos. Los estableció en su lugar con flores y cantos, es decir, con lo más bello y poético, con lo más fructuoso y el regocijo de los cantos. Así conocieron “Al verdaderísimo Dios por quien se vive”, que los acompañaba y estaba con ellos. Por su parte, ellos y ellas le construyeron pirámides y lugares de veneración increíbles y le danzaron con todas sus fuerzas para alabarlo y bendecirlo.


Tercera consideración: Dios dio a este pueblo “mucho rostro y mucho corazón”. En la pedagogía nahua estaba como un principio vital formar gente con mucho rostro y mucho corazón. Esto quería decir, gente esforzada, atrevida, entregada y con un corazón generoso, participativo, creativo.Esto es lo que hoy nos pide Dios para superar nuestras calamidades actuales. Contemplemos a Cristo, que es el que más rostro y más corazón ha tenido en la historia. Sigámoslo, sirvámoslo.


Cuarta consideración: El pueblo escogido se entregó de lleno “Al Creador de los rostros y corazones”. Es admirable considerar cómo los indígenas nahuas llegaron a tener conceptos tan elevados sobre Dios: “El que está cerca y junto, el Señor del cielo y de la tierra” y otros más.Por eso decidieron entregarse a El hasta la sangre. Inventaron las guerras floridas para conquistarle corazones que ofrecerle. Lástima del modo, pero qué honda comprensión al considerar que a Dios había que entregarle hasta el corazón. Que Él nos ayude a ser fervorosos en nuestro trabajo, en nuestra entrega y servicios.


Quinta consideración: En el tiempo previsto, Dios nos envió a su Hijo a estas tierras, a través de Santa María de Guadalupe.El plan de Dios es estar cercano a nosotros, ofrecernos, como dijo la Virgen: “Todo su amor, compasión, auxilio, defensa…” (N.M.28).En el tiempo preciso establecido en el calendario azteca, solsticio de invierno del año trece caña —para nosotros, invierno de 1531—, llegó Jesús, con María, a América de una manera portentosa.Dios selló su alianza con este pueblo escogido para que irradiara por el mundo de entonces, y el de ahora, su antigua y presente alianza. A nosotros nos toca seguir siendo portadores, discípulos y mensajeros de esta alianza divina. ¿Estamos dispuestos, como este pueblo escogido, a entregar nuestro rostro y corazón, para que “entre flores y cantos” México resucite? ¡Somos los descendientes de este pueblo! Hoy nos podemos preguntar como Juan Diego y como el pueblo escogido en América: “¿dónde estoy? ¿dónde me veo?” (N.M. 10), y con nuestro propio dolor, ¿dónde y cómo queremos estar? Que Santa María de Guadalupe, nuestra madre espiritual, nos ayude a caminar con Cristo para resucitar. Citas bíblicas: Ex 3,7-12; 12,1-14; 14,15-31 y 15,1-21 Salmo 85(84) Ef. 1,3-14 ** Con Cristo y Santa María de Guadalupe vivamos la alianza que Dios ha hecho con nosotros **

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