8.12.2015

Docenario Guadalupano

 

Padre Joaquín Gallo Reynoso, sacerdote jesuita
Este mes está lleno de la presencia de nuestra Madre, Señora y Reina. El 5 de este mes celebramos a Santa María de las Nieves en Roma, cuyo título y basílica se llaman Santa María la Mayor, pues es el primer templo dedicado en Occidente a María al terminar el Concilio de Éfeso, que en 431 proclamó que Jesús es hombre como nosotros e Hijo Eterno del Padre, y María, por tanto, podía ser llamada Madre de Dios.
Ella le pidió a una pareja una parte del terreno que tenía en Roma. Amaneció nevado el 5 de agosto y así señaló la Reina dónde quería su casa para la posteridad, porque era el día de su cumpleaños según lo reveló más tarde… Algo parecido a la petición que le hizo al obispo Zumárraga en México a través de San Juan Diego.
Ella siempre quiere protegernos como verdadera Madre y Dios le ha concedido tener algunas casas muy especiales en el mundo para que acoja, como buena Madre, a tod@s sus Hij@s. Gocemos este privilegio. Y encomendemos en especial a los y las dominicas que celebraron el día 8 a su santo fundador, Santo Domingo de Guzmán. Sus iniciales O.P. quieren decir: de la Orden de los Predicadores. Tienen muchas universidades y publicaciones en el mundo y son famosos oradores. También festejan en este mes los padres y las religiosas asuncionistas que pretenden vivir la perfección de nuestra Santa Madre, llevada perfecta a la Gloria. Encomendemos a tod@s ell@s.
Nos unimos al gozo y responsabilidad del nuevo pastor de Yucatán, monseñor Gustavo, y le damos muchas gracias a don Emilio Carlos por su entrega a esta Arquidiócesis.
Primera consideración: El nacimiento de nuestra Madre, el nacimiento del Tepeyac.
Imaginemos el gozo y alegría de Santa Ana y de San Joaquín ante el nacimiento de María. Imaginemos el gozo de Dios por el nacimiento de “su humilde esclava…”. Del mismo modo imaginemos el nacimiento a la fe de miles de indígenas que se convirtieron ante el Acontecimiento Guadalupano, el nacimiento del Tepeyac y sus alrededores a una nueva vida y a una perspectiva de gloria imposible de haber sido prevista si no por Dios. Alegrémonos por estos sublimes acontecimientos.
Jaculatoria apropiada: Reina del Tepeyac, y de todo el universo; muéstranos el poder del triunfo del Señor.
Segunda consideración: El cambio de vida en la familia de San Joaquín y Santa Ana y en el cerro del Tepeyac.
Imaginemos a San Joaquín y a Santa Ana sin María todavía. Vacío de esperanzas y de sonrisas. Llega María y todo cambia, todo es luz y fiesta. Imaginemos al Tepeyac antes de las apariciones: un cerro pelón y feo donde se daba culto a Tonantzín, la madre de los dioses aztecas. Llega María, la Verdadera Madre del Señor Jesús, Dios y hombre verdadero, y todo cambia. Bien dice el Nican Mopohua que todo se llenó de cantos, luces y belleza (números 6 a 22); con María siempre hay belleza, paz, armonía. Pidámosle que siempre permanezca con nosotros y nos dé a Jesús.
Tercera consideración: El nacimiento de las congregaciones religiosas y Santa María. Afortunadamente para nosotros y gracias a los escritores e historiadores de nuestras respectivas instituciones religiosas podemos constatar que en cada nacimiento de órdenes religiosas siempre ha estado presente nuestra Madre. En el caso de los dominic@s, con la devoción del Rosario, y en el de los Asuncionistas, con el deseo de acompañar a las personas a que se preparen para el encuentro diario y final con la certeza de nuestra resurrección. Acudamos a Ella que bien sabe lo que es estar resucitada y capaz de resucitarnos moralmente. Agradezcamos.
Cuarta consideración: En el nacimiento y vivencia del Evangelio, María está presente en el origen y durante la peregrinación en este mundo de nuestras familias. Para nuestro regocijo y el de nuestras familias, María también ha estado presente para ayudar a nuestros padres a vivir con el deseo de Dios de que nuestras familias sean campo abierto para la santidad de todos los miembros de la familia. El próximo Sínodo de la Familia de seguro remarcará este aspecto tan importante en el ministerio de los papás respecto a sus hijos para hacerles ver que nuestro modelo familiar en la tierra es la Sagrada Familia y en la eternidad, el mismo Dios en su misterio trinitario. Agradezcamos a este Dios-Comunidad-Familia que nos haya querido hacer a su imagen y semejanza ya desde aquí.
Quinta consideración: Nuestra propias asunción y coronación en la Gloria.
Nuestro caminar en esta tierra será lo que posibilite que Dios nos lleve a su propia Gloria, en donde María será la estrella humana rutilante más perfecta. Contemplémosla. Recordemos las pinturas de las Asunciones y Coronaciones de María que más nos hayan gustado, impactado, consolado y pensemos y sintamos que vamos para allá; que nuestro Dios y Padre desea recibirnos con los brazos abiertos y una corona para festejar nuestro triunfo unidos al triunfo de Jesús y de María. Que esta fe y esperanza nos mantengan alegres y contentos porque la alegría y el amor serán nuestros compañeros eternos.
Nota: Preparémonos para el Sínodo de la Familia con mucha oración y diálogo intrafamiliar. Las fiestas de septiembre y el fin de las vacaciones pueden ayudarnos mucho. Aprovechémoslas.
Citas bíblicas de apoyo: Juan 20, 1-18; Mt 28, 16, 20; Hech 1, 6-11; 1Cor 15, 1-28 y 42-58; Apoc 12, 1-5 y 9-12.
En tu Asunción, María, Madre nuestra, cantamos las glorias del Señor y las tuyas.

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