NUESTRA SEÑORA DEL ADVIENTO
Señora del Adviento, señora de los brazos vacíos, señora de la preñez evidente y extenuante. Cuánto deseamos que camines con nosotros. Cuánto necesitamos de ti. Mujer del pueblo que viajas presurosa y alegre a servir a Isabel, a pesar de tu vientre pesado y fatigoso. Entre las dos tejerán esperanzas y sueños.
Señora del Adviento, señora de los brazos vacíos, también nosotros estamos preñados de esperanzas y sueños.
Soñamos con que el canto de las aves no vuelva a ser turbado por el ruido de las balas.
Soñamos con nuestros niños sin temores, cantando al fruto de tu vientre ya cercano.
Soñamos con los niños de Colombia durmiendo tranquilos al arrullo de un villancico.
Soñamos que nuestros viejos mueren tranquilos y en paz murmurando una oración.
Soñamos con que algún día podremos volver a tener sueños y utopías y esperanzas.
Señora del Adviento, la de los brazos vacíos, visítanos como a tu prima. Monta tu burrito y ven presurosa. Nuestros corazones son pesebres huecos y fríos donde hace falta que nazca tu hijo.
Ven, señora, con tus gritos de parto a calentar nuestros corazones, a seguir tejiendo esperanzas con nosotros, como lo hiciste con Isabel. Solo así, en medio de la noche iluminada por tus brazos ahora llenos y por tus pechos que amamantan, podremos volver a soñar...podremos gritar ¡es navidad!.
12.05.2011
12.03.2011
DOCENARIO DIA 3
Docenario Guadalupano
3 diciembre 2011
Joaquín Gallo Reynoso, Sacerdote Jeusita
Los caminos Dios, deMaría y de nosotrosen el Acontecimiento Guadalupano
Los dos días que llevamos del mes los hemos dedicado a considerar cómo caminamos en nuestra vida rodeados de estrellas, pájaros y cantos como Juan Diego en su camino al Tepeyac.
Hoy consideraremos el papel de las flores en nuestras vidas, en la vida de los indígenas del tiempo de Juan Diego y en el significado que han tenido en el Acontecimiento Guadalupano.
Consideraremos también nuestro llamado a ser misioneros como el gran San Francisco Javier, a quien hoy celebramos, y tenemos en cuenta que vamos como los caminantes de Emaús para encontrarnos con Jesús en el Año Eucarístico internacional que se avecina.
Primera consideración: Las flores, regalo de Dios.
En toda la Tierra y en todas las culturas las flores destacan por todas partes. No faltan las flores en los murales antiguos y modernos, en nuestros cumpleaños, como regalo para las mujeres amadas. Sus colores, formas, aromas, nos cautivan.
Hay hasta el dicho de "dímelo con flores" para indicar que nos pueden decir cualquier cosa, aun penosa, con tal de que sea hecho con aroma floral. Demos gracias a Dios por el regalo magnífico, multicolor y bello de las flores. Jaculatoria apropiada: Santa María de Guadalupe, Flor de flores de los jardines de Dios; ayúdanos a dar lo mejor al Rey de los corazones.
Segunda consideración: Las flores en la cultura indígena. En las culturas mesoamericanas abundan las alusiones a las flores. En la cultura nahua casi no se puede hablar si no se les menciona. Sabemos que sin ellas no hay remedios eficientes para las enfermedades. Ellos veían en las flores el corazón de Dios que se regalaba para darles todos los frutos imaginables. Es increíble cómo el sabor de ciertas frutas ya está encerrado en las flores. Reconozcamos tantos favores divinos como flores del Creador de ellas.
Tercera consideración: Las flores, signo del compromiso por la verdad. En la cultura nahua también las flores significaban la verdad. Te doy flores, te doy la verdad. Cuando alguien quería comprometerse con otra persona le daba flores como signo de algún compromiso.
Así lo hizo María cuando le dio las flores a Juan Diego. Así quedó éste acreditado ante el Obispo y ante su pueblo. Demos gracias a Dios de que a través de las flores nos hayan dado pruebas irrefutables de su amor y compromiso con nosotros.
Cuarta consideración: Las flores en el Acontecimiento Guadalupano. Es impresionante saber y constatar que la Imagen Guadalupana está hecha, esencialmente, a base de los colores extraídos de flores. ¿Cómo le hizo Dios para hacer esta "Maravilla Americana", como le llamó el máximo pintor de la Colonia, Miguel Cabrera, a la Imagen Guadalupana? Mientras la admiramos gocemos de tanta originalidad y de tanto mensaje contenido en la más bella expresión mariana del mundo salida de las manos de Dios.
Quinta consideración: La Flor-Cerro puntiagudo, lugar sagrado de María. En la Imagen Guadalupana aparece nueve veces la Flor-Cerro terminado en punta, que es el nombre indígena del cerro del Tepeyac. Con este simbolismo tan enraizado y conocido en la cultura cercana a Juan Diego, Dios nos quiso decir que allí, en ese lugar, se realizó la Alianza Suya con nosotros a través de nuestra Madre Amada. Y que allí mismo sigue realizándola por todos los siglos de la humanidad mientras llega la segunda venida de Su Hijo para nosotros. Ella, María, nos hace casa allí, como le hizo casa a Jesús y a San José, en su hogar de Nazaret. Vayamos al Tepeyac y a nuestros Tepeyaques cercanos para orar con Ella, para que nos colme de gracias, de su ternura materna que nos regocija. Santa María de Guadalupe, Madre nuestra espiritual; acógenos en tu regazo, Madre sin igual, Flor de flores de los jardines de Dios.
Apoyos bíblicos: Sirácide (Eclesiástico) 24, 23-31; Is 7, 10-14; Gal 4, 4-7; Mt 6, 28-34.
12.01.2011
ALABANZAS A MARÍA SANTÍSIMA, VIRGEN DEL ADVIENTO
ALABANZAS A MARÍA SANTÍSIMA, VIRGEN DEL ADVIENTO
¡Oh Santísima Virgen María! sea una y mil veces bendito vuestro purismo seno, en que por nueve meses hizo su morada el Hijo de Dios, hecho hombre por dar salud a mi alma. Avemaría.
¡Oh Santísima Virgen María! sea una y mil veces bendito vuestro maternal regazo en que reposó y durmió dulcemente el Hijo de Dios, hecho hombre por dar salud a mi alma. Avemaría.
¡Oh Santísima Virgen María! sean una y mil veces benditos vuestros santísimos brazos, que llevaron, abrazaron y tiernamente estrecharon al Hijo de Dios, hecho hombre por dar salud a mi alma. Avemaría.
¡Oh Santísima Virgen María! sean una y mil veces benditas vuestras hermosísimas manos, que acariciaron y cuidadosamente sirvieron al Hijo de Dios, hecho hombre por dar salud a mi alma. Avemaría.
¡Oh Santísima Virgen María! sean una y mil veces benditos vuestros ojos virginales que con tanto deleite se recrearon contemplando el rostro del Hijo de Dios, hecho hombre por dar salud a mi alma. Avemaría.
¡Oh Santísima Virgen María! sean una y mil veces benditos vuestros oídos castísimos, que con tanta frecuencia oyeron el dulce nombre de Madre de la boca del Hijo de Dios, hecho hombre por dar salud a mi alma. Avemaría.
¡Oh Santísima Virgen María! sean una y mil veces benditos vuestros candidísimos labios, que con gozo inexplicable imprimieron tiernos besos en el Hijo de Dios, hecho hombre por dar salud a mi alma. Avemaría.
¡Oh Santísima Virgen María! sea una y mil veces bendita vuestra lengua angelical, que sin cesar alabó y llamó hijo querido al Hijo de Dios, hecho hombre por dar salud a mi alma. Avemaría.
¡Oh Santísima Virgen María! sea una y mil veces bendito vuestro purismo seno, en que por nueve meses hizo su morada el Hijo de Dios, hecho hombre por dar salud a mi alma. Avemaría.
¡Oh Santísima Virgen María! sea una y mil veces bendito vuestro maternal regazo en que reposó y durmió dulcemente el Hijo de Dios, hecho hombre por dar salud a mi alma. Avemaría.
¡Oh Santísima Virgen María! sean una y mil veces benditos vuestros santísimos brazos, que llevaron, abrazaron y tiernamente estrecharon al Hijo de Dios, hecho hombre por dar salud a mi alma. Avemaría.
¡Oh Santísima Virgen María! sean una y mil veces benditas vuestras hermosísimas manos, que acariciaron y cuidadosamente sirvieron al Hijo de Dios, hecho hombre por dar salud a mi alma. Avemaría.
¡Oh Santísima Virgen María! sean una y mil veces benditos vuestros ojos virginales que con tanto deleite se recrearon contemplando el rostro del Hijo de Dios, hecho hombre por dar salud a mi alma. Avemaría.
¡Oh Santísima Virgen María! sean una y mil veces benditos vuestros oídos castísimos, que con tanta frecuencia oyeron el dulce nombre de Madre de la boca del Hijo de Dios, hecho hombre por dar salud a mi alma. Avemaría.
¡Oh Santísima Virgen María! sean una y mil veces benditos vuestros candidísimos labios, que con gozo inexplicable imprimieron tiernos besos en el Hijo de Dios, hecho hombre por dar salud a mi alma. Avemaría.
¡Oh Santísima Virgen María! sea una y mil veces bendita vuestra lengua angelical, que sin cesar alabó y llamó hijo querido al Hijo de Dios, hecho hombre por dar salud a mi alma. Avemaría.
Docenario guadalupano
Docenario guadalupano
1 diciembre 2011
Por Joaquín Gallo Reynoso, sacerdote jesuita
Los caminos de Dios, de María y de nosotros en el Acontecimiento Guadalupano
El camino de las estrellas…
Estamos en diciembre, a unos días de que el Acontecimiento Guadalupano cumpla 480 años de haberse iniciado.
Vamos a unirnos a los millones de herman@s que se han aventurado, como nosotros, por los caminos que nos llevan al Tepeyac con Santa María de Guadalupe y los que salen desde allí para el ancho mundo. Un recorrido que haremos con Jesús, nuestro Camino al Padre y a l@s herman@s, en estos meses en que estamos preparándonos para el Año Eucarístico internacional que tendrá su punto culminante en julio, en el Congreso Internacional en Dublín.
En la diócesis vamos haciendo nuestro camino a Emaús desde nuestro discipulado misionero al encuentro con Cristo Eucaristía. En este caminar iremos con María de Guadalupe, nuestra Morenita del Tepeyac quien, como de costumbre, nos acoge “con todo su amor, compasión, auxilio y defensa”, pues es nuestra “Piadosa Madre” y nos lleva a Jesús y a nuestr@s hermanas y hermanos. Los meses pasados de este año cada día 12 estuvimos considerando cómo poder ser mejores discípul@s y misioner@s del Señor y de María.
Ahora caminaremos, entre flores y cantos, entre pájaros, estrellas y caminos diversos, estos días dedicados a Ella. Pediremos de manera especial por nuestro país y Yucatán para que juntos reencontremos el camino del amor, la fraternidad, la justicia y solidaridad que Dios quiere que vivamos. Iniciémoslo en su nombre y en el de Nuestra Madre del Tepeyac.
Nota.— Les recuerdo que propongo cada día 5 consideraciones para ser reflexionadas o usadas a manera de los misterios del rosario y que las siglas N.M. quieren decir Nican Mopohua, el relato original de las Apariciones escrito hacia 1548-1550 por Antonio Valeriano, indígena de la etnia nahua y coetáneo de Juan Diego, que llegó a ser de los maestros clave de esos años.
Primera consideración.— Las estrellas y nuestro cielo. Hablar de las estrellas es hablar de los astros, pero también, en lenguaje simbólico, de personas, situaciones, predicciones. Gracias a éstas los Magos encontraron a Jesús… Hoy nos podemos encontrar con Él, con el Padre y el Espíritu Santo… Pidámoselo a María. Jaculatoria apropiada: Santa María de Guadalupe, Estrella de la Evangelización, ayúdanos a encontrarnos con Jesús, nuestro guía y Señor.
Segunda consideración: Las estrellas forman, a veces, constelaciones…
En el cielo de cada noche podemos distinguir algunas agrupaciones de estrellas a las que se les ha dado algún nombre en diversas épocas y culturas. Entre ellas destaca Virgo, que nos recuerda a nuestra Estrella del Tepeyac. Pidamos nos llene de su luz…
Tercera consideración: Juan Diego caminó bajo la luz de las estrellas… En sus encuentros con la Virgen, Juan Diego tuvo que caminar de noche, hacia el amanecer, para cumplir su misión con Ella y su tío Juan Bernardino que estaba enfermo (N.M. 97-99 y 147-148).
Pidamos que siempre cumplamos con nuestra misión aunque sintamos que estamos en noches de oscuridad, impaciencia y amargura, como alejados de Dios, de María, de l@s demás... Ella nos sanará…
Cuarta consideración: Las estrellas en la vida de Jesús y de María… Podemos estar seguros de que María y José le enseñaron al Señor Jesús en su niñez a conocer las estrellas y constelaciones que se conocían en su tiempo. No es difícil que el Señor se haya orientado muchas veces en sus caminos y en los temporales fuertes en el lago de Galilea gracias a las estrellas que el mismo Padre le había regalado. La insignia de Israel es una estrella… Y Él, la Estrella Máxima de Israel y del mundo. Que Él sea nuestra mayor estrella en nuestra vida, nuestro Sol…
Quinta consideración: Las constelaciones en el manto de la Virgen de Guadalupe. Entre las investigaciones sorprendentes que se han hecho del ayate de Juan Diego en donde está la Virgen Guadalupana destaca la colocación de las estrellas en su manto. Forman constelaciones. Y éstas marcan fechas y los rumbos del cielo. La Osa Mayor siempre estará en el Norte, Orión hacia el Oriente y la Cruz del Sur hacia el Sur... Gracias a esto millones de personas en la Historia han vencido dificultades, se han orientado en el desierto o en los naufragios. Nosotros, en el manto de María de Guadalupe descubrimos cómo Dios nos señala el rumbo, cómo nos protege a través de nuestra Bendita Madrecita del Tepeyac, la Estrella máxima humana en los cielos benditos de Dios…
Le pedimos que siempre nos oriente para seguir a Jesús, para hacer la voluntad del Padre, para seguir las indicaciones del Espíritu Santo, para hacernos herman@s de tod@s...
Apoyos bíblicos: Salmo 8; Mt 2, 1-12; Apoc 1, 12-20 y 2, 26-28; Jn 14, 6.
10.12.2011
El Pilar de nuestra fe
El Pilar de nuestra fe
Autor: P. Jesús Martí Ballester
Fiesta de Nuestra Señora del Pilar. El 12 de octubre se celebra la solemnidad del Amor de Hispanoamérica.
El Pilar de nuestra fe
Frente a quienes ayer y aún hoy se avergüenzan, ignorantes o malvados, de la gran, máxima evangelización de América, recordamos hoy nosotros aquella hazaña de fe. Si sabemos interpretar los signos de los tiempos, leeremos que Dios se valió de España para llevar la fe salvadora a pueblos innumerables, que hoy permanecen fieles a ella y son la esperanza de la Iglesia, sobre todo en vocaciones.
Así lo ha reconoció el anterior Pontífice, Juan Pablo II, cuando dijo en su Mensaje al Congreso Mariológico y Mariano celebrado en Huelva del 18 al 27 septiembre de 1992: "Los marinos intrépidos de Palos, de Huelva, de Moguer, de Lepe, que en el nombre de Dios y de Santa María partieron del puerto de Palos, fueron protagonistas de aquella gran epopeya que llegaría a cambiar la configuración del mundo conocido y que, a la vez, abrió espacios insospechados a la expansión del mensaje cristiano". Y el mismo Papa, en su viaje de enorme valor testimonial a Santo Domingo, en la República Dominicana, es decir a la Española, primera tierra descubierta por Colón, quiso asociar su persona y a la Iglesia, a la celebración del V Centenario del Descubrimiento y Evangelización de América; para con su autoridad suprema de Papa, reconocer y enaltecer la gesta evangelizadora de España.
LA CIVILIZACIÓN CRISTIANA
Escribió Garcilaso de la Vega, historiador natural de Cuzco, Perú, que "ofrecía su historia para que se den gracias a Nuestro Señor Jesucristo y a la Virgen María, su Madre, por cuyos méritos e intercesión se dignó Dios sacar del abismo de la idolatría a tantas y tan grandes naciones y reducirlas al gremio de su Iglesia Católica Romana, la mayor cosa después de la creación del mundo, sacando la encarnación y muerte del que los crió".
Los que propalaron la sinrazón de que España pidiera perdón a los americanos por haberles liberado de sus ritos macabros hasta llegar a sacrificar cada día muchachas para que el sol volviera a nacer al día siguiente, son los mismos que impiden que hoy nuestros niños y jóvenes crezcan en la ignorancia del barro que les construye por dentro, el pensamiento y el arte occidentales, y también el fabuloso legado moral sin el cual serían incompresibles conquistas como la abolición de la esclavitud o la condena de la pena de muerte, sin enumerar prolijamente los avances de la civilización que ha ido acumulando el cristianismo. Privar a un muchacho de la religión es como despojarlo de su filiación genética. La moral cristiana instituyó la piedad como regla de conducta, el respeto y el amor al prójimo como pilares de nuestra convivencia.
¿Es lícito escamotear que Dios se hizo un hombre como nosotros, que proclamó el bello poema de las bienaventuranzas, que impidió matar a pedradas a una mujer adúltera y que le pidió agua a una mujer samaritana y le ofreció a cambio el agua de la eternidad gloriosa con Él? ¿Y junto a esto, la creación de una nueva cultura que ha inspirado las más eximias excelencias de nuestros artistas que han trascendido los siglos, y que los hombres de mañana entren en el museo del Prado o en los otros del mundo como papanatas? ¿Qué entenderán del Greco, de Velázquez, de Zurbarán, de Giotto, del Tintoretto, del divino Morales y de Rafael, de los grandes genios de la música y de la arquitectura, de Miguel Ángel, de la poesía, qué de San Juan de la Cruz, qué de Divina Comedia, de la gran obra civilizadora de la Orden del Císter?... Y como los árboles también envejecen, también Europa, engendradora de pueblos y patrocinadora del humanismo, se está convirtiendo a pasos agigantados en un tronco seco y sin sabia. Con el sentido excepcional de la oportunidad de este viejo Papa joven, se está celebrando en Roma el Sínodo de los Obispos que quiere afrontar la pérdida de fe de Europa.
Ante él, el cardenal belga Jan Pieter Schotte ya ha adelantado que el principal desafío no es un problema político o social sino el debilitamiento de la fe. Europa sufre un problema de conocimiento de la fe y de su transmisión. Las familias se sienten impotentes, las escuelas encuentran dificultades y en las parroquias se nota menor presencia de fieles. Además, los medios de comunicación crean una cultura no siempre religiosa. La respuesta al panorama incierto y oscuro es el tema de la asamblea: "Jesucristo viviente en su Iglesia, fuente de esperanza para Europa". Y el Cardenal Rouco hace ahora seis años, el 1 de octubre de 1999, formulaba este dilema fundamental: “O Europa se convierte al Dios de nuestros padres o se desarraiga de las raíces espirituales de las que ha germinado el verdadero humanismo europeo. Nuestra tarea como Iglesia es anunciar con obras y palabras al Dios vivo". Fuera de Cristo no sabemos qué son Dios, la vida, la fe, ni nosotros mismos.
LA VIRGEN LA PRIMERA MISIONERA
Y fue la Virgen la primera misionera que nos dejó en su Pilar el dedo certero que nos señala de nuevo: "Haced lo que El os diga". Al celebrar la fiesta de la Virgen del Pilar, proclamamos que María ha escogido el Pilar para derramar sobre España sus bendiciones. Allí, los Reyes, los Capitanes, los Héroes, han encontrado la fuerza para cumplir su misión providencial. "A los tuyos les diste una columna llameante, guía para un camino desconocido" Sabiduría 18,3. "El Señor les precedía de día en columna de nube para marcarles el camino, y en columna de fuego de noche para alumbrarles" Génesis 13,21.
Así dice la historia que la Virgen los llevó como columna llameante por el camino desconocido: El siete de octubre, Colón está inquieto ante las dudas y peleas lógicas de aquellos noventa hombres, después de setenta días de navegación, y con un problemático retorno. Poco después llegó la calma y se hizo en el océano una gran bonanza. El día ocho, estaba el mar claro y sosegado y eran los aires dulces y olorosos, como si fueran del mes de abril sevillano. El día nueve durante toda la noche los navegantes oyeron volar pájaros. El día diez vieron pasar grajos y papagayos.
El día once aumentaron los indicios. La noche fue una noche clara de luna y en el aire y en el agua flotaba un ambiente de calma suave. De repente, sonó en la Pinta un tiro de bombarda, y se oyó el grito triunfal y esperado: TIERRA. Lo había dado Rodrigo de Triana. Eran dos horas después de la media noche. Y allí hay noventa hombres de pie sobre el puente de las carabelas con los corazones agitados por violenta emoción. Al amanecer apareció la lengua blanca de arena del primer suelo americano. En España, las campanas de los conventos llamaban a Maitines, y todo aquel día 12, la Iglesia de España rezaba a la Virgen del Pilar. Era el día del desembarco y del Descubrimiento.
REZAR EN ESPAÑOL
Cuando un sacerdote, un cristiano llega a América y oye hablar y rezar en nuestra propia lengua a Dios y a la Virgen, se le acelera el corazón, se le hace un nudo en la garganta, y sus ojos lloran lágrimas de asombro, de gratitud, de admiración y de fe. Y cuando en la Basílica de Guadalupe, todo el día abierta y siempre llena de mexicanos, que más que rezar, hablan con la Virgen con un hablar continuo, mezclado de sollozos, gritos, palabras ternísimas llenas de íntima e ingenua confianza, muchos de ellos caminando de rodillas, arrastrando los padres a sus pequeños, siente la gratitud y el gozo de ser español.
Me invitaron a comer unos amigos en Monterrey (México). A mitad de la comida, un niño de unos diez años, guapísimo, puesto de pie, dijo: "Lo mejor del mundo es que los españoles hayan venido a evangelizar a América. Me acordé de las palabras de Jesús el domingo de Ramos a los sacerdotes del Templo que le pedían que hiciera callar a los niños sus gritos y hosannas: ¿"No habéis leído en la Escritura que de la boca de los niños has hecho brotar la alabanza"? (Mt 21,16).
Reunámonos hoy en oración comunitaria y eucarística, como los Apóstoles con María en el Cenáculo, para dar gracias porque nos ha dado a su Madre, "que nos protege en su tienda el día del peligro, y nos alza sobre la roca" Salmo 26. Y aclamemos a María, intacta en su virginidad, gloriosa en su descendencia y triunfante en su asunción. Que ella sea nuestro gozo y la causa de nuestra alegría.
Autor: P. Jesús Martí Ballester
Fiesta de Nuestra Señora del Pilar. El 12 de octubre se celebra la solemnidad del Amor de Hispanoamérica.
El Pilar de nuestra fe
Frente a quienes ayer y aún hoy se avergüenzan, ignorantes o malvados, de la gran, máxima evangelización de América, recordamos hoy nosotros aquella hazaña de fe. Si sabemos interpretar los signos de los tiempos, leeremos que Dios se valió de España para llevar la fe salvadora a pueblos innumerables, que hoy permanecen fieles a ella y son la esperanza de la Iglesia, sobre todo en vocaciones.
Así lo ha reconoció el anterior Pontífice, Juan Pablo II, cuando dijo en su Mensaje al Congreso Mariológico y Mariano celebrado en Huelva del 18 al 27 septiembre de 1992: "Los marinos intrépidos de Palos, de Huelva, de Moguer, de Lepe, que en el nombre de Dios y de Santa María partieron del puerto de Palos, fueron protagonistas de aquella gran epopeya que llegaría a cambiar la configuración del mundo conocido y que, a la vez, abrió espacios insospechados a la expansión del mensaje cristiano". Y el mismo Papa, en su viaje de enorme valor testimonial a Santo Domingo, en la República Dominicana, es decir a la Española, primera tierra descubierta por Colón, quiso asociar su persona y a la Iglesia, a la celebración del V Centenario del Descubrimiento y Evangelización de América; para con su autoridad suprema de Papa, reconocer y enaltecer la gesta evangelizadora de España.
LA CIVILIZACIÓN CRISTIANA
Escribió Garcilaso de la Vega, historiador natural de Cuzco, Perú, que "ofrecía su historia para que se den gracias a Nuestro Señor Jesucristo y a la Virgen María, su Madre, por cuyos méritos e intercesión se dignó Dios sacar del abismo de la idolatría a tantas y tan grandes naciones y reducirlas al gremio de su Iglesia Católica Romana, la mayor cosa después de la creación del mundo, sacando la encarnación y muerte del que los crió".
Los que propalaron la sinrazón de que España pidiera perdón a los americanos por haberles liberado de sus ritos macabros hasta llegar a sacrificar cada día muchachas para que el sol volviera a nacer al día siguiente, son los mismos que impiden que hoy nuestros niños y jóvenes crezcan en la ignorancia del barro que les construye por dentro, el pensamiento y el arte occidentales, y también el fabuloso legado moral sin el cual serían incompresibles conquistas como la abolición de la esclavitud o la condena de la pena de muerte, sin enumerar prolijamente los avances de la civilización que ha ido acumulando el cristianismo. Privar a un muchacho de la religión es como despojarlo de su filiación genética. La moral cristiana instituyó la piedad como regla de conducta, el respeto y el amor al prójimo como pilares de nuestra convivencia.
¿Es lícito escamotear que Dios se hizo un hombre como nosotros, que proclamó el bello poema de las bienaventuranzas, que impidió matar a pedradas a una mujer adúltera y que le pidió agua a una mujer samaritana y le ofreció a cambio el agua de la eternidad gloriosa con Él? ¿Y junto a esto, la creación de una nueva cultura que ha inspirado las más eximias excelencias de nuestros artistas que han trascendido los siglos, y que los hombres de mañana entren en el museo del Prado o en los otros del mundo como papanatas? ¿Qué entenderán del Greco, de Velázquez, de Zurbarán, de Giotto, del Tintoretto, del divino Morales y de Rafael, de los grandes genios de la música y de la arquitectura, de Miguel Ángel, de la poesía, qué de San Juan de la Cruz, qué de Divina Comedia, de la gran obra civilizadora de la Orden del Císter?... Y como los árboles también envejecen, también Europa, engendradora de pueblos y patrocinadora del humanismo, se está convirtiendo a pasos agigantados en un tronco seco y sin sabia. Con el sentido excepcional de la oportunidad de este viejo Papa joven, se está celebrando en Roma el Sínodo de los Obispos que quiere afrontar la pérdida de fe de Europa.
Ante él, el cardenal belga Jan Pieter Schotte ya ha adelantado que el principal desafío no es un problema político o social sino el debilitamiento de la fe. Europa sufre un problema de conocimiento de la fe y de su transmisión. Las familias se sienten impotentes, las escuelas encuentran dificultades y en las parroquias se nota menor presencia de fieles. Además, los medios de comunicación crean una cultura no siempre religiosa. La respuesta al panorama incierto y oscuro es el tema de la asamblea: "Jesucristo viviente en su Iglesia, fuente de esperanza para Europa". Y el Cardenal Rouco hace ahora seis años, el 1 de octubre de 1999, formulaba este dilema fundamental: “O Europa se convierte al Dios de nuestros padres o se desarraiga de las raíces espirituales de las que ha germinado el verdadero humanismo europeo. Nuestra tarea como Iglesia es anunciar con obras y palabras al Dios vivo". Fuera de Cristo no sabemos qué son Dios, la vida, la fe, ni nosotros mismos.
LA VIRGEN LA PRIMERA MISIONERA
Y fue la Virgen la primera misionera que nos dejó en su Pilar el dedo certero que nos señala de nuevo: "Haced lo que El os diga". Al celebrar la fiesta de la Virgen del Pilar, proclamamos que María ha escogido el Pilar para derramar sobre España sus bendiciones. Allí, los Reyes, los Capitanes, los Héroes, han encontrado la fuerza para cumplir su misión providencial. "A los tuyos les diste una columna llameante, guía para un camino desconocido" Sabiduría 18,3. "El Señor les precedía de día en columna de nube para marcarles el camino, y en columna de fuego de noche para alumbrarles" Génesis 13,21.
Así dice la historia que la Virgen los llevó como columna llameante por el camino desconocido: El siete de octubre, Colón está inquieto ante las dudas y peleas lógicas de aquellos noventa hombres, después de setenta días de navegación, y con un problemático retorno. Poco después llegó la calma y se hizo en el océano una gran bonanza. El día ocho, estaba el mar claro y sosegado y eran los aires dulces y olorosos, como si fueran del mes de abril sevillano. El día nueve durante toda la noche los navegantes oyeron volar pájaros. El día diez vieron pasar grajos y papagayos.
El día once aumentaron los indicios. La noche fue una noche clara de luna y en el aire y en el agua flotaba un ambiente de calma suave. De repente, sonó en la Pinta un tiro de bombarda, y se oyó el grito triunfal y esperado: TIERRA. Lo había dado Rodrigo de Triana. Eran dos horas después de la media noche. Y allí hay noventa hombres de pie sobre el puente de las carabelas con los corazones agitados por violenta emoción. Al amanecer apareció la lengua blanca de arena del primer suelo americano. En España, las campanas de los conventos llamaban a Maitines, y todo aquel día 12, la Iglesia de España rezaba a la Virgen del Pilar. Era el día del desembarco y del Descubrimiento.
REZAR EN ESPAÑOL
Cuando un sacerdote, un cristiano llega a América y oye hablar y rezar en nuestra propia lengua a Dios y a la Virgen, se le acelera el corazón, se le hace un nudo en la garganta, y sus ojos lloran lágrimas de asombro, de gratitud, de admiración y de fe. Y cuando en la Basílica de Guadalupe, todo el día abierta y siempre llena de mexicanos, que más que rezar, hablan con la Virgen con un hablar continuo, mezclado de sollozos, gritos, palabras ternísimas llenas de íntima e ingenua confianza, muchos de ellos caminando de rodillas, arrastrando los padres a sus pequeños, siente la gratitud y el gozo de ser español.
Me invitaron a comer unos amigos en Monterrey (México). A mitad de la comida, un niño de unos diez años, guapísimo, puesto de pie, dijo: "Lo mejor del mundo es que los españoles hayan venido a evangelizar a América. Me acordé de las palabras de Jesús el domingo de Ramos a los sacerdotes del Templo que le pedían que hiciera callar a los niños sus gritos y hosannas: ¿"No habéis leído en la Escritura que de la boca de los niños has hecho brotar la alabanza"? (Mt 21,16).
Reunámonos hoy en oración comunitaria y eucarística, como los Apóstoles con María en el Cenáculo, para dar gracias porque nos ha dado a su Madre, "que nos protege en su tienda el día del peligro, y nos alza sobre la roca" Salmo 26. Y aclamemos a María, intacta en su virginidad, gloriosa en su descendencia y triunfante en su asunción. Que ella sea nuestro gozo y la causa de nuestra alegría.
10.06.2011
10.03.2011
Para meditar las palabras del Salve Regina
Meditemos esta oración para disfrutar más el Rosario. Dios te salve Te saludamos con sonrisas, flores, y canciones Oh María, la mujer más digna del amor. Desde niño me enseñaron esta oración mis padres queriendo que yo te amara y venerara como ellos lo hacían. Y desde entonces sigo rezando y cantando esta bella plegaria todos los sábados y a la hora del rosario cotidiano. Dios te salve, maravilla de mujer y de Madre, lirio hermoso de los valles y praderas. Pensando en Ti me vuelvo poeta me dan ganas de cantar. Mis versos son para Ti, mis canciones te las canto a Ti. Reina y Madre de misericordia Lo que más necesitamos es misericordia, porque somos infinitamente miserables. Tu amor inmenso hacia tus hijos se convierte en océano de bondad, de misericordia, y de piedad. Te agradecemos tu amor, tu virtud excelsa, veneramos tu grandeza incomparable pero sobre todo agradecemos la misericordia de tu rostro y de tu corazón. Tienes ojos y corazón hechos de bondad. Dios te salve, Reina y Madre de misericordia... Vida nuestra Nos animas a vivir, Haces feliz nuestra vida, Nos otorgas calidad de vida, porque contigo vale la pena vivir. No vamos solos por la vida. ¿No estoy yo aquí que soy tu Madre? Tú lo dijiste. Y cumples las promesas. Dulzura Suavidad, serenidad, paz. Contigo estamos al abrigo de tormentas y huracanes. Tu corazón es refugio montañero, es brisa de primavera, es cantar de pajarillos, es cristalina fuente, dulzura de la vida, de mi vida. Y esperanza nuestra Todo lo espero de Dios por medio de Ti, porque Dios te ama muchísimo y Tú me amas muchísimo. Contigo no cabe la desesperanza y la tristeza. En las orillas de tu manso río crecen los pastos y las flores en toda estación. Tú eres una eterna primavera, rosal florido, perfumado, digno de contemplarse. De Ti lo espero todo y más de lo que esperan todos los niños de sus mamás. Espero que me lleves al cielo. Espero que me hagas feliz. Espero contemplarte en el cielo en un éxtasis de amor. Eres hermosísima paloma blanca que vuelas en mi jardín. Alegras mis días y mis noches. Me haces sonreír y mirar hacia delante con ilusión y entusiasmo. La vida sin Ti no tendría sabor ni sentido. Pero contigo sí quiero vivir. Quiero contemplarte en el lirio del campo, en la rosa perfumada, en el blanco clavel, en todas las flores de las praderas, en las estrellas de la noche. Dios te salve Te saludamos, te cantamos, te llevamos mañanitas, Oh dulce madre. Dios te salve. A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva Fuimos hijos de Eva para desgracia nuestra. Pero somos hijos tuyos para completa felicidad. Si triste y dura fue la herencia de nuestra madre Eva, inmensamente rica es la herencia que nos viene de Ti. El destierro se dulcifica porque Tú nos acompañas cada día. Así nuestro desierto florece y se vuelve llevadero. ¡Qué dura sería la vida sin tu dulce compañía! ¡Qué cardos, qué espinas no produciría! Pero entre los cardos y espinas tu mano amorosa ha plantado muy bellas rosas. A Ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas Siempre nos quedas Tú. En medio de los peligros eres refugio, pararrayos contra la justa ira de Dios. En medio de las lágrimas, eres consuelo. Tus hijos pueden sufrir, por ser ley todos, pero nunca desesperan. Saben mirar a través de las lágrimas tu rostro materno que les llena de esperanza. Ea, pues, Señora, abogada nuestra... El nombre de abogada significa defensora. Tú nos defiendes del maligno, del que atacó a nuestra madre Eva en el Paraíso, y la hirió pasándonos la herida. Tú nos libras de peligros y tentaciones que nos pudieran hacer perecer. Contigo llevamos la frente alta por la vida, hasta el destino final que es el cielo. Desde allí intercede ante tu Hijo por cada uno de tus hijos, por mí también. Vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos Sí, tus ojos... Yo quiero asomarme a tus ojos, contemplarlos, porque sólo de mirarlos me curo de mis tristezas, su alegría se me contagia, su pureza infinita se me participa. Tus ojos, Madre Virgen, son océano de gracia y de pureza. Por eso necesito mirarlos, contemplarlos, para que la bienaventuranza de los puros de corazón me toque a mí también. Nos miras con amor y misericordia. Necesitamos de ambas realidades a morir. porque somos débiles y miserables en abundancia. Misericordia es lo que suplicamos. Suplicamos a la misericordiosa Virgen. Suplicamos a la más amorosa Madre. A través de tus ojos aspiramos esa misericordia y ese amor. Es lo mejor que nos puedes regalar. Eres misericordia y eres amor, dos realidades que heredaste de Dios, para regalarlas a tus hijos. Y, después e este destierro... Destierro, porque la patria no está aquí. Porque la tierra, que es en sí hermosa, se nos vuelve inhóspita y agraz, al pensar en el cielo. Destierro, porque aquí te tenemos y tenemos a Dios, pero todavía no es del todo y para siempre. Podemos perderte, podemos perder a Dios, ¡Oh terrible posibilidad! En el cielo Tú serás nuestra y nosotros tuyos del todo y por toda la eternidad. ¡Qué inmensa beatitud! Muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre Lo más grande que Tú tienes es Jesús. Muéstranoslo, queremos verlo, conocerlo, amarlo entrañablemente. Desde que fuiste Madre de Jesús, nunca podrás separarte de Él, es tu hijo. Pero lo mismo que a Él, nos has engendrado a cada uno de nosotros. Somos por eso sus hermanos y tus hijos. Ser hijo no siempre es bien valorado por éste pero ser madre es muy bien conocido por ella. Yo no conozco bien lo que significa ser tu hijo, pero Tú sí sabes lo que significa ser mi madre. Jesús es el hermano mayor y especial. Debemos asemejarnos a Él. danos la gracia de conocerlo como Tú lo conoces: Un Dios amor que nos quiere hasta la muerte de cruz, que nos dio a su Madre, a Ti, para cada uno. Déjanos ver su rostro, déjanos conocer su corazón, concédenos amarlo con todas nuestras fuerzas. Oh clemente, Oh piadosa, Oh dulce Virgen María Clemente, piadosa y dulce: la trilogía de la misericordia encarnada en Ti. Permítenos beber en tu fuente el agua dulce de tu piedad. Estamos tan necesitados de clemencia, dulzura y piedad. Pero tu fuente rebosa de esa agua pura. Virgen María dulce: Eres el rosal sin espinas, belleza de rosas perfumadas: corremos al olor de tus perfumes. Virgen María clemente: De Dios lo aprendiste, Oh Madre del hijo pródigo. Si algo sabes hacer con excelencia, es el arte de la misericordia con tus hijos pecadores. Necesitamos tanto tu capacidad de compasión, porque somos pecadores maltratados por Satanás. Virgen María piadosa: Te compadeces del pecador, de sus heridas purulentas, no queriendo ver su culpa. Respondes con piedad y misericordia a la negra ingratitud, como tu Hijo. Misericordia del Hijo, misericordia de su Madre. Gracias por ser dechados de piedad para nosotros, que, si algo necesitamos, es misericordia y piedad. |
9.27.2011
9.14.2011
Nuestra Señora de los Dolores
Nuestra Señora de los Dolores
María sufrió intensamente al pie de la cruz, junto a su Hijo; cada uno de los clavos le desgarraba su Corazón de madre.
La Iglesia, al contemplar hoy a María adolorida al pie de la cruz, exclama: "Oh Dulce Fuente de Amor, hazme sentir tu dolor para que llore contigo".
María, la Virgen Madre de Dios, es fuente de amor, purísimo y santo, desinteresado y sublime; y por eso sufre hasta lo más hondo de su ser. Nos ha amado tanto a nosotros, sus hijos pecadores, que hace suyos todos nuestros dolores, como Cristo en la cruz hace suyos todos nuestros pecados.
Todos los hombres somos solidarios los unos de los otros: nuestro bien es el bien de todos y nuestro mal repercute en todos. Lo demuestra Jesucristo en su Pasión, sufriendo por todos los hombres; lo indica María, su madre, asociándose al dolor de su hijo.
Nuestro sutil egoísmo se opone a esta ley providencial de solidaridad; por eso urge que nos acerquemos a esta Madre del dolor, fuente de amor sin egoísmo, para captar el verdadero misterio del dolor. Por eso cuando la Iglesia le pide que nos haga sentir la fuerza del dolor, para asociarnos a su pena, añade:
"Haz que mi corazón arda en amor de Cristo Dios".
Esto es lo que necesitamos todos: mucho fervor para amar a Cristo, como lo amó Ella; hondo amor para penetrar hasta su Divino Corazón; inmenso amor para hacer nuestras sus penas, como Ella hizo suyos los dolores de Cristo y los nuestros.
Pero ante todo, hay que contemplar a Cristo como Dios. Si no lo miramos así, jamás podremos comprender el misterio y la realidad del dolor que desgarra a la existencia humana.
¿Qué puede hacer el hombre de nuestros días, por fuera tan celoso de su modernidad, y por dentro tan lleno de temores y angustias? Que acuda a la Madre de la Misericordia y del amor: a María, que por los profundos dolores que sufrió, es siempre la Madre de la bondad y de la gracia, que estará siempre dispuesta a acogernos maternalmente con misericordia, para librarnos de los peligros y llevarnos hasta el corazón amoroso de su Hijo.
María sufrió intensamente al pie de la cruz, junto a su Hijo; cada uno de los clavos le desgarraba su Corazón de madre.
La Iglesia, al contemplar hoy a María adolorida al pie de la cruz, exclama: "Oh Dulce Fuente de Amor, hazme sentir tu dolor para que llore contigo".
María, la Virgen Madre de Dios, es fuente de amor, purísimo y santo, desinteresado y sublime; y por eso sufre hasta lo más hondo de su ser. Nos ha amado tanto a nosotros, sus hijos pecadores, que hace suyos todos nuestros dolores, como Cristo en la cruz hace suyos todos nuestros pecados.
Todos los hombres somos solidarios los unos de los otros: nuestro bien es el bien de todos y nuestro mal repercute en todos. Lo demuestra Jesucristo en su Pasión, sufriendo por todos los hombres; lo indica María, su madre, asociándose al dolor de su hijo.
Nuestro sutil egoísmo se opone a esta ley providencial de solidaridad; por eso urge que nos acerquemos a esta Madre del dolor, fuente de amor sin egoísmo, para captar el verdadero misterio del dolor. Por eso cuando la Iglesia le pide que nos haga sentir la fuerza del dolor, para asociarnos a su pena, añade:
"Haz que mi corazón arda en amor de Cristo Dios".
Esto es lo que necesitamos todos: mucho fervor para amar a Cristo, como lo amó Ella; hondo amor para penetrar hasta su Divino Corazón; inmenso amor para hacer nuestras sus penas, como Ella hizo suyos los dolores de Cristo y los nuestros.
Pero ante todo, hay que contemplar a Cristo como Dios. Si no lo miramos así, jamás podremos comprender el misterio y la realidad del dolor que desgarra a la existencia humana.
¿Qué puede hacer el hombre de nuestros días, por fuera tan celoso de su modernidad, y por dentro tan lleno de temores y angustias? Que acuda a la Madre de la Misericordia y del amor: a María, que por los profundos dolores que sufrió, es siempre la Madre de la bondad y de la gracia, que estará siempre dispuesta a acogernos maternalmente con misericordia, para librarnos de los peligros y llevarnos hasta el corazón amoroso de su Hijo.
El Secreto del Santo Rosario
El Secreto del Santo Rosario
Nosotros también.
Y ¿qué decir del Beato Alano de la Rupe, restaurador de esta devoción? La Santísima Virgen lo honró varias veces con su visita para ilustrarlo acerca de los medios de alcanzar la salvación, convertirse en buen sacerdote, perfecto religioso e imitador de Jesucristo.
Durante las tentaciones y horribles persecuciones del demonio, que lo llevaban a una extrema tristeza y casi a la desesperación, Ella lo consolaba, disipando con su dulce presencia tantas nubes y tinieblas. Le enseñó el modo de rezar el rosario, lo instruyó acerca de sus frutos y excelencias, lo favoreció con la gloriosa cualidad de esposo suyo, y, como arras de su casto amor, le colocó el anillo en el dedo, y al cuello un collar hecho con sus cabellos, dándole también un rosario. El abad Tritemio, el docto Cartagena, el sabio Martín Navarro y otros hablan de él elogiosamente.
Después de atraer a la Cofradía del Rosario a más de cien mil personas, murió en Zwolle, Flandes, el 8 de septiembre de 1475.
(De “El Secreto Admirable del Santísimo Rosario”, de San Luis M. Grignion de Montfort)
Comentario:
Nosotros también podemos ser los predilectos y esposos de María como lo fue el Beato Alano, basta para ello que recemos todos los días el Rosario y tengamos celo en propagarlo por todas partes, entonces la Virgen nos tomará como sus predilectos y estaremos seguros contra las fuerzas del Infierno, que no podrá hacer nada contra nosotros.
Debemos enamorarnos cada día más de María, y lo lograremos si rezamos todos los días una o varias coronas del Rosario, porque ese es el modo de entrar en el Inmaculado Corazón de María, y aprender a conocer sus secretos encantos, que han cautivado al mismo Dios.
Si Dios está enamorado de la Virgen por su belleza sin igual, pensemos ¡qué clase de belleza tendrá María!, ya que Dios conoce sobre belleza, y si está enamorado de la Virgen, es porque Ella es bellísima.
También nosotros enamorémonos de María, y seremos felices ya en este mundo. Y rezando el Rosario todos los días es como nos unimos cada día más estrechamente a la Virgen.
9.12.2011
Docenario guadalupano
Docenario guadalupano
Por el padre Joaquín Gallo Reynoso, sacerdote jesuita
Santa María de Guadalupe, Madre, Cuna y Bandera de México
Estamos en el Mes de la Patria.
En esta ocasión con muchos dolores por las desgracias múltiples en el país como las de Monterrey, Torreón y otros lugares así como por las lluvias intensas y otras calamidades por los temporales en varias ciudades y Estados de la república. Pedimos por todas las familias afectadas especialmente en estos días en que celebramos las fiestas del nacimiento de la Virgen, Su Santísimo nombre —el 12— y sus dolores, el 15. ¡Buenos dolores que le hemos causado desde 1921, ya como nación reconocida! Hemos de reparar a nuestro país con la fuerza de su Hijo Amado y la que Ella nos alienta a poner en obra.
Estamos contemplando a nuestra Madre como maestra de vida y acción, para que, conociéndola más , le abramos el corazón para que nos acerque a su Hijo amado. Queremos seguir aprendiendo de Ella a ser buenos discípulos y misioneros suyos. En esta ocasión vamos a reflexionar sobre el papel de María en México como Madre, Cuna y Bandera de nuestro país para que esto nos disponga a ser mejores discípulos, misioneros y servidores de nuestros hermanos. Por supuesto que son pinceladas que cada quien irá enriqueciendo dado que hay mucha riqueza en este tema y ya hemos tocado estos puntos en diferentes ocasiones.
Estamos contemplando a nuestra Madre como maestra de vida y acción, para que, conociéndola más , le abramos el corazón para que nos acerque a su Hijo amado. Queremos seguir aprendiendo de Ella a ser buenos discípulos y misioneros suyos. En esta ocasión vamos a reflexionar sobre el papel de María en México como Madre, Cuna y Bandera de nuestro país para que esto nos disponga a ser mejores discípulos, misioneros y servidores de nuestros hermanos. Por supuesto que son pinceladas que cada quien irá enriqueciendo dado que hay mucha riqueza en este tema y ya hemos tocado estos puntos en diferentes ocasiones.
Primera consideración: María se presentó a Juan Diego y a su pueblo como Madre que estaba preocupaba por el bienestar de todos.
La Madre de México, Señora del Tepeyac, salió al encuentro de Juan Diego y su pueblo cuando la situación era insoportable para el mismo obispo recién nombrado. Como buena Madre vino a asistirlos personalmente ante las angustias y dolores, penas y aflicciones de todos ellos, como se lo dijo a Juan Diego (N.M.32). Así lo hizo Jesús en su tiempo. En estas situaciones dolorosas de nuestro país Ella nos sigue asistiendo y motivando para que hagamos lo mismo que Jesús y Ella han hecho por nosotros y así seamos buenos discípulos y misioneros del Señor. Hagamos lo que esté de nuestra parte para levantar a México como Ella nos levanta y nos seguirá levantando siempre.
Jaculatoria apropiada: Reina de la nación México te proclama; Lazo de nuestra unión; Vida de nuestra Patria.
La Madre de México, Señora del Tepeyac, salió al encuentro de Juan Diego y su pueblo cuando la situación era insoportable para el mismo obispo recién nombrado. Como buena Madre vino a asistirlos personalmente ante las angustias y dolores, penas y aflicciones de todos ellos, como se lo dijo a Juan Diego (N.M.32). Así lo hizo Jesús en su tiempo. En estas situaciones dolorosas de nuestro país Ella nos sigue asistiendo y motivando para que hagamos lo mismo que Jesús y Ella han hecho por nosotros y así seamos buenos discípulos y misioneros del Señor. Hagamos lo que esté de nuestra parte para levantar a México como Ella nos levanta y nos seguirá levantando siempre.
Jaculatoria apropiada: Reina de la nación México te proclama; Lazo de nuestra unión; Vida de nuestra Patria.
Segunda consideración: María educó como discípulos obedientes a San Juan Diego, al obispo y al pueblo y así se logró su encargo.
La salvación que Dios nos ofrece, centrada en Cristo, nos puede llegar de muy diversas maneras; Él es el que nos convoca y capacita para que su plan de salvación llegue a todos. Pero requiere de nuestra colaboración consciente, libre y animosa. El papel de los padres como educadores de las nuevas generaciones es intransferible, ellos lo tienen que hacer, no hay sustitutos. Por eso Dios nos envió a María como verdadera Madre a acunar al nuevo pueblo que nació bajo “Su protección, amparo, auxilio y defensa” (N.M. 28 ). Confiemos que así nos seguirá ayudando, acunando, fortaleciendo, consolando… para que hagamos lo mismo con los más necesitados de amor, compasión y apoyo al estilo de lo que Ellos hacen por nosotros…
La salvación que Dios nos ofrece, centrada en Cristo, nos puede llegar de muy diversas maneras; Él es el que nos convoca y capacita para que su plan de salvación llegue a todos. Pero requiere de nuestra colaboración consciente, libre y animosa. El papel de los padres como educadores de las nuevas generaciones es intransferible, ellos lo tienen que hacer, no hay sustitutos. Por eso Dios nos envió a María como verdadera Madre a acunar al nuevo pueblo que nació bajo “Su protección, amparo, auxilio y defensa” (N.M. 28 ). Confiemos que así nos seguirá ayudando, acunando, fortaleciendo, consolando… para que hagamos lo mismo con los más necesitados de amor, compasión y apoyo al estilo de lo que Ellos hacen por nosotros…
Tercera consideración: Con la entrega de las flores la Virgen se convirtió en testigo privilegiado y fidedigno de la misericordia de Dios.
La Virgen selló su actuación materna de una manera sensible, cordial, comprometida. Al dar las flores al pueblo y al obispo, a través de Juan Diego, se comprometió con la verdad de Dios a continuar haciendo su servicio materno y promotor con el nuevo pueblo que Dios estaba engendrando a través de Ella. Gracias a Juan Diego, al obispo, a Juan Bernardino y muchos más esta tierra pudo dar su fruto como primicia de los pueblos de América Latina que seguirían el camino iniciado en México por Dios y por María. Agradezcamos este testimonio y hagamos lo que hoy nos corresponde a todos como verdaderos discípulos y misioneros de Jesús y de María.
La Virgen selló su actuación materna de una manera sensible, cordial, comprometida. Al dar las flores al pueblo y al obispo, a través de Juan Diego, se comprometió con la verdad de Dios a continuar haciendo su servicio materno y promotor con el nuevo pueblo que Dios estaba engendrando a través de Ella. Gracias a Juan Diego, al obispo, a Juan Bernardino y muchos más esta tierra pudo dar su fruto como primicia de los pueblos de América Latina que seguirían el camino iniciado en México por Dios y por María. Agradezcamos este testimonio y hagamos lo que hoy nos corresponde a todos como verdaderos discípulos y misioneros de Jesús y de María.
Cuarta consideración: Nuestro pueblo aceptó y recibió a María como Madre, quien sirvió a México como cuna de una nueva raza a la que Dios ha comprometido…
Lo que Dios y María hicieron con nuestro pueblo ha sido original y único. Ninguna otra nación de la tierra ha nacido bajo tales cuidados de Dios y de María; ni el pueblo de Israel porque Ella todavía no había nacido… Con razón el Papa Benedicto XIV en el siglo XVIII dijo al conocer el acontecimiento mexicano de la Virgen, la frase del salmo que siempre se había aplicado a Israel: “Dios no ha hecho cosa igual con ninguna otra nación” (Salmo 147, al finalizar). Juan Pablo II lo entendió tan claramente que la proclamó: Madre de las Américas: Del Continente y las islas… Sintámonos felices y responsables, para hacer un México digno, cordial y habitable para todos, como buenos hijos misioneros de Dios y de María.
Lo que Dios y María hicieron con nuestro pueblo ha sido original y único. Ninguna otra nación de la tierra ha nacido bajo tales cuidados de Dios y de María; ni el pueblo de Israel porque Ella todavía no había nacido… Con razón el Papa Benedicto XIV en el siglo XVIII dijo al conocer el acontecimiento mexicano de la Virgen, la frase del salmo que siempre se había aplicado a Israel: “Dios no ha hecho cosa igual con ninguna otra nación” (Salmo 147, al finalizar). Juan Pablo II lo entendió tan claramente que la proclamó: Madre de las Américas: Del Continente y las islas… Sintámonos felices y responsables, para hacer un México digno, cordial y habitable para todos, como buenos hijos misioneros de Dios y de María.
Quinta consideración: El pueblo mexicano desde hace siglos, conquistado por el amor de María, la eligió como su Bandera, y nosotros seguimos eligiéndola como Maestra de vida y Bandera de identidad mexicana y misionera.
Desde los inicios del Acontecimiento Guadalupano, como dice con devoción el Nican Mopohua, “… toda esta ciudad, sin faltar nadie, se estremeció cuando vino a ver, a admirar su preciosa imagen…” (214). Esto ha sido real desde ese tiempo, el Virreinato, la Independencia, la época revolucionaria, la lucha Cristera y todavía sigue sucediendo continuamente en la Basílica del Tepeyac y en todos los lugares, casas, comercios, carreteras donde veneramos a nuestra gloriosa Madre,“ la Guadalupana, que ha demostrado que tanto nos ama”. Con razón tantas novenas, peregrinaciones, cantos y otras muchas expresiones dedicadas a Ella. Pero nos falta asumir, como verdaderos discípulos del Señor y de María, nuestro compromiso social por los más débiles… Ella será la que nos ayude, como Madre y Maestra, a despertar a nuestro pueblo dormido para un trabajo concientizador, dinámico y bien planeado que, enarbolándola como Bandera nacional, pueda llevar a México por caminos de paz, justicia y solidaridad para todos. Confiemos en Ella, en Jesús y en nosotros mismos, para hacerlo.
Desde los inicios del Acontecimiento Guadalupano, como dice con devoción el Nican Mopohua, “… toda esta ciudad, sin faltar nadie, se estremeció cuando vino a ver, a admirar su preciosa imagen…” (214). Esto ha sido real desde ese tiempo, el Virreinato, la Independencia, la época revolucionaria, la lucha Cristera y todavía sigue sucediendo continuamente en la Basílica del Tepeyac y en todos los lugares, casas, comercios, carreteras donde veneramos a nuestra gloriosa Madre,“ la Guadalupana, que ha demostrado que tanto nos ama”. Con razón tantas novenas, peregrinaciones, cantos y otras muchas expresiones dedicadas a Ella. Pero nos falta asumir, como verdaderos discípulos del Señor y de María, nuestro compromiso social por los más débiles… Ella será la que nos ayude, como Madre y Maestra, a despertar a nuestro pueblo dormido para un trabajo concientizador, dinámico y bien planeado que, enarbolándola como Bandera nacional, pueda llevar a México por caminos de paz, justicia y solidaridad para todos. Confiemos en Ella, en Jesús y en nosotros mismos, para hacerlo.
8.26.2011
8.20.2011
Reflexión:
Reflexión:
Cada vez que rezamos el Rosario, María viene a nosotros, a nuestra casa, a nuestra alma, y nos saluda afectuosamente, y nuestro corazón se llena de alegría.
Por eso tenemos que rezar muchos Rosarios, aunque más no sea para oír solamente el saludo amoroso de María.
Y recordemos que cuando nos decidimos a rezar el Rosario es porque María nos ha llamado a que lo recemos, ya que es Ella la que nos da la gracia actual para movernos a rezarlo.
Entonces siempre es María la que da el primer paso, como vemos aquí cuando visita a su prima Santa Isabel.
Así que cuando sintamos necesidad y deseos de rezar el Santo Rosario, sepamos que es porque María ha venido a tocar la puerta de nuestro corazón para que lo recemos, porque cuando nosotros pensamos en Ella, es porque Ella pensó primero en nosotros, y mientras lo rezamos y se lo ofrecemos con amor, entonces Ella sigue pensando en nosotros y nos favorece con toda clase de gracias y favores celestiales.
8.15.2011
8.01.2011
DULZURA DE LOS ÁNGELES
DULZURA DE LOS ÁNGELESde la liturgia bizantina
Dulzura de los ángeles, alegría de los afligidos,
abogada de los cristianos, Virgen madre del Señor,
protégeme y sálvame de los sufrimientos eternos.
María, purísimo incensario de oro,
que ha contenido a la Trinidad excelsa;
en ti se ha complacido el Padre, ha habitado el Hijo, y
el Espíritu Santo, que cubriéndote con su sombra,
Virgen, te ha hecho madre de Dios.
Nosotros nos alegramos en ti, Theotókos;
tú eres nuestra defensa ante Dios.
Extiende tu mano invencible y aplasta a nuestros enemigos.
Manda a tus siervos el socorro del cielo.
Dulzura de los ángeles, alegría de los afligidos,
abogada de los cristianos, Virgen madre del Señor,
protégeme y sálvame de los sufrimientos eternos.
María, purísimo incensario de oro,
que ha contenido a la Trinidad excelsa;
en ti se ha complacido el Padre, ha habitado el Hijo, y
el Espíritu Santo, que cubriéndote con su sombra,
Virgen, te ha hecho madre de Dios.
Nosotros nos alegramos en ti, Theotókos;
tú eres nuestra defensa ante Dios.
Extiende tu mano invencible y aplasta a nuestros enemigos.
Manda a tus siervos el socorro del cielo.
7.13.2011
CORONILLA DE LA SANTÍSIMA VIRGEN
CORONILLA DE LA SANTÍSIMA VIRGEN
Dígnate aceptar mis alabanzas, Virgen Santísima.
Dame fuerzas contra tus enemigos.
CORONA DE SANTIDAD
Padre nuestro.
Dios te salve, María.
Bienaventurada eres, Virgen María,
que llevaste en tu seno al Señor y Creador del mundo;
engendraste al que te formó,
permaneciendo siempre virgen.
Regocíjate, Virgen María.
¡Regocíjate mil veces!
Dios te salve, María.
Oh Virgen Santa e Inmaculada,
no sé con qué alabanzas honrarte dignamente,
porque llevaste en tu seno
al que no pueden contener los cielos.
Regocíjate, Virgen María.
¡Regocíjate mil veces!
Dios te salve, María.
Muy hermosa eres, oh María,
no hay en ti mancha alguna.
Regocíjate, Virgen María.
¡Regocíjate mil veces!
Dios te salve, María.
Hay más virtudes en ti, Virgen María,
que estrellas en el cielo.
Regocíjate, Virgen María.
¡Regocíjate mil veces!
Gloria al Padre, y al Hijo...
CORONA DE PODER
Padre nuestro.
Dios te salve, María.
Gloria a ti, Reina del universo:
condúcenos contigo a la felicidad del cielo.
Regocíjate, Virgen María.
¡Regocíjate mil veces!
Dios te salve, María.
Gloria a ti, Tesorera de las gracias del Señor;
danos participar en los dones de Dios.
Regocíjate, Virgen María.
¡Regocíjate mil veces!
Dios te salve, María.
Gloria a ti, Mediadora entre Dios y los hombres;
haz que sea más íntimo nuestro encuentro con Cristo.
Regocíjate, Virgen María.
¡Regocíjate mil veces!
Dios te salve, María.
Gloria a ti, Triunfadora sobre las fuerzas del mal;
sé nuestra piadosa guía por los senderos del evangelio.
Regocíjate, Virgen María.
¡Regocíjate mil veces!
Gloria al Padre, y al Hijo...
CORONA DE BONDAD
Padre nuestro.
Dios te salve, María.
Gloria a ti, Refugio de los pecadores;
intercede por nosotros ante el Señor.
Regocíjate, Virgen María.
¡Regocíjate mil veces!
Dios te salve, María.
Gloria a ti, Madre de los hombres;
enséñanos a vivir como hijos de Dios.
Regocíjate, Virgen María.
¡Regocíjate mil veces!
Dios te salve, María.
Gloria a ti, Alegría de los justos;
condúcenos contigo a las alegrías del cielo.
Regocíjate, Virgen María.
¡Regocíjate mil veces!
Dios te salve, María.
Gloria a ti, prestísima Ayuda nuestra en la vida y la muerte:
llévanos contigo al reino de los cielos.
Regocíjate, Virgen María.
¡Regocíjate mil veces!
Gloria al Padre, y al Hijo...
ORACIÓN
Dios te salve, María,
Hija de Dios Padre,
Madre de Dios Hijo,
Esposa del Espíritu Santo,
Templo augusto de la Santísima Trinidad.
Dios te salve, María,
Señora mía, mi tesoro, mi belleza,
Reina de mi corazón,
Madre, vida, dulzura
y esperanza mía queridísima,
–más aún– mi corazón y mi alma.
Soy todo tuyo, oh Virgen benditísima,
y todo lo mío es tuyo.
More en mí tu alma
para engrandecer al Señor.
More en mí tu espíritu
para regocijarme en Dios.
Oh Virgen fidelísima:
ponte como un sello sobre mi corazón,
para que en ti y por ti
permanezca fiel al Señor.
Concédeme, por tu bondad,
la gracia de contarme en el número
de los que amas, enseñas, diriges,
nutres y proteges como a hijos.
Haz que, despreciando por tu amor
todos los consuelos terrenos,
aspire continuamente a los bienes celestiales,
hasta que por medio del Espíritu Santo,
tu Esposo fidelísimo,
y de ti, Esposa suya fidelísima,
sea formado en mí Jesucristo, tu Hijo,
para gloria del Padre celestial.
R/. Amén.
Dígnate aceptar mis alabanzas, Virgen Santísima.
Dame fuerzas contra tus enemigos.
CORONA DE SANTIDAD
Padre nuestro.
Dios te salve, María.
Bienaventurada eres, Virgen María,
que llevaste en tu seno al Señor y Creador del mundo;
engendraste al que te formó,
permaneciendo siempre virgen.
Regocíjate, Virgen María.
¡Regocíjate mil veces!
Dios te salve, María.
Oh Virgen Santa e Inmaculada,
no sé con qué alabanzas honrarte dignamente,
porque llevaste en tu seno
al que no pueden contener los cielos.
Regocíjate, Virgen María.
¡Regocíjate mil veces!
Dios te salve, María.
Muy hermosa eres, oh María,
no hay en ti mancha alguna.
Regocíjate, Virgen María.
¡Regocíjate mil veces!
Dios te salve, María.
Hay más virtudes en ti, Virgen María,
que estrellas en el cielo.
Regocíjate, Virgen María.
¡Regocíjate mil veces!
Gloria al Padre, y al Hijo...
CORONA DE PODER
Padre nuestro.
Dios te salve, María.
Gloria a ti, Reina del universo:
condúcenos contigo a la felicidad del cielo.
Regocíjate, Virgen María.
¡Regocíjate mil veces!
Dios te salve, María.
Gloria a ti, Tesorera de las gracias del Señor;
danos participar en los dones de Dios.
Regocíjate, Virgen María.
¡Regocíjate mil veces!
Dios te salve, María.
Gloria a ti, Mediadora entre Dios y los hombres;
haz que sea más íntimo nuestro encuentro con Cristo.
Regocíjate, Virgen María.
¡Regocíjate mil veces!
Dios te salve, María.
Gloria a ti, Triunfadora sobre las fuerzas del mal;
sé nuestra piadosa guía por los senderos del evangelio.
Regocíjate, Virgen María.
¡Regocíjate mil veces!
Gloria al Padre, y al Hijo...
CORONA DE BONDAD
Padre nuestro.
Dios te salve, María.
Gloria a ti, Refugio de los pecadores;
intercede por nosotros ante el Señor.
Regocíjate, Virgen María.
¡Regocíjate mil veces!
Dios te salve, María.
Gloria a ti, Madre de los hombres;
enséñanos a vivir como hijos de Dios.
Regocíjate, Virgen María.
¡Regocíjate mil veces!
Dios te salve, María.
Gloria a ti, Alegría de los justos;
condúcenos contigo a las alegrías del cielo.
Regocíjate, Virgen María.
¡Regocíjate mil veces!
Dios te salve, María.
Gloria a ti, prestísima Ayuda nuestra en la vida y la muerte:
llévanos contigo al reino de los cielos.
Regocíjate, Virgen María.
¡Regocíjate mil veces!
Gloria al Padre, y al Hijo...
ORACIÓN
Dios te salve, María,
Hija de Dios Padre,
Madre de Dios Hijo,
Esposa del Espíritu Santo,
Templo augusto de la Santísima Trinidad.
Dios te salve, María,
Señora mía, mi tesoro, mi belleza,
Reina de mi corazón,
Madre, vida, dulzura
y esperanza mía queridísima,
–más aún– mi corazón y mi alma.
Soy todo tuyo, oh Virgen benditísima,
y todo lo mío es tuyo.
More en mí tu alma
para engrandecer al Señor.
More en mí tu espíritu
para regocijarme en Dios.
Oh Virgen fidelísima:
ponte como un sello sobre mi corazón,
para que en ti y por ti
permanezca fiel al Señor.
Concédeme, por tu bondad,
la gracia de contarme en el número
de los que amas, enseñas, diriges,
nutres y proteges como a hijos.
Haz que, despreciando por tu amor
todos los consuelos terrenos,
aspire continuamente a los bienes celestiales,
hasta que por medio del Espíritu Santo,
tu Esposo fidelísimo,
y de ti, Esposa suya fidelísima,
sea formado en mí Jesucristo, tu Hijo,
para gloria del Padre celestial.
R/. Amén.
7.12.2011
Confiando en María
Confiando en María
Le hemos costado mucho a María.
Le hemos costado mucho a María como para que Ella se desentienda de nosotros los hombres y nos deje a la deriva. Ella recuerda muy bien lo que sufrió su Hijo, el adorable Corazón de Jesús y su Inmaculado Corazón, en la crucifixión y luego de ella. Por eso si hay que confiar en Dios, sabiendo que nos ama porque entregó a su propio Hijo por nosotros; también debemos confiar en María, que entregó más que su propia vida, entregó a su mismo Hijo a la muerte por nuestra salvación. ¿Y pensamos que ahora María puede dejarnos de lado y no recordar que somos el precio de la Muerte de Jesús?
¡No desconfiemos de María! No hay que desconfiar de Dios, de su bondad infinita. Pero mucho menos debemos desconfiar de María, ya que en Ella no hay nada de terrible, sino que es toda dulzura y bondad para sus hijos descarriados.
Cada vez que María nos ve, Ella ve sobre nosotros la Sangre preciosa de Jesús, y por esa Sangre intercede por nosotros e interviene de mil maneras en nuestra vida para conducirnos al camino del bien, para llevarnos al Cielo.
Primero fallarán el Cielo y la Tierra, antes que nos falte la ayuda y gracia de María, nuestra Madre bendita.
Le hemos costado mucho a María.
Le hemos costado mucho a María como para que Ella se desentienda de nosotros los hombres y nos deje a la deriva. Ella recuerda muy bien lo que sufrió su Hijo, el adorable Corazón de Jesús y su Inmaculado Corazón, en la crucifixión y luego de ella. Por eso si hay que confiar en Dios, sabiendo que nos ama porque entregó a su propio Hijo por nosotros; también debemos confiar en María, que entregó más que su propia vida, entregó a su mismo Hijo a la muerte por nuestra salvación. ¿Y pensamos que ahora María puede dejarnos de lado y no recordar que somos el precio de la Muerte de Jesús?
¡No desconfiemos de María! No hay que desconfiar de Dios, de su bondad infinita. Pero mucho menos debemos desconfiar de María, ya que en Ella no hay nada de terrible, sino que es toda dulzura y bondad para sus hijos descarriados.
Cada vez que María nos ve, Ella ve sobre nosotros la Sangre preciosa de Jesús, y por esa Sangre intercede por nosotros e interviene de mil maneras en nuestra vida para conducirnos al camino del bien, para llevarnos al Cielo.
Primero fallarán el Cielo y la Tierra, antes que nos falte la ayuda y gracia de María, nuestra Madre bendita.
Docenario guadalupano
Docenario guadalupano
Por el padre Joaquín Gallo Reynoso, sacerdote jesuita
Discipulado y misión en el acontecimiento guadalupano. Celebrar con Jesús y María de Guadalupe. Celebraciones eclesiales.
En todas partes del mundo constatamos que los humanos hemos celebrado cantidad de hechos, signos, personas y hasta fechas de luto; no podemos vivir sin celebrar, sin celebrarnos. La condición humana nos lleva a la celebración con familiares, amigos, vecinos, parientes, en los sitios más diversos y a las horas más insospechadas. Celebrar es vivir. Dime con quiénes celebras y te diré qué tanto has aprovechado tu vida para vivir con más alegría…
En estos días de julio hay muchas celebraciones porque muchos niños, adolescentes y jóvenes terminan alguna etapa importante o simbólica de su vida, y la familia y las instituciones educativas invitan a celebrar estos sucesos. Al parecer, muchos esperamos celebrar algo en estas vacaciones. Entre las más esperadas son algunas festividades religiosas. En este mes acabamos de tener las del Sagrado Corazón de Jesús, el Inmaculado Corazón de María, Santo Tomás Apóstol y festejaremos algunos otros con sus fiestas especiales como las Pamplonadas de San Fermín en España, Santa María Magdalena y San Ignacio de Loyola, entre otras.
Nosotros, como jesuitas, además de la anterior celebraremos los 400 años de que fue aprobado por el Rey de España que se abriera un colegio de estudios superiores en Mérida el 16 de junio de 1611. Celebremos pues.
Sin embargo, no es todo felicidad; ya hemos visto las barbaridades cometidas aquí por el “paso deprimido” del Paseo Montejo que nos puso en verdadera depresión espiritual a muchísimos al constatar la brutalidad de los porros comprados para el caso. Roguemos por Mérida y por los causantes y responsables de semejante atropello. Por lo pronto contemplemos aspectos muy bellos de nuestra vida cristiana católica y Guadalupana para celebrarlos con alegría.
Primera consideración: Celebramos a Dios. La Sagrada Familia y sus celebraciones.
En nuestra vida hay ocasiones en que captamos que Dios es Dios, no cualquier persona. Es el caso de un nacimiento, una celebración bautismal o de la Eucaristía, de una ordenación sacerdotal… En Israel, las celebraciones religiosas eran el centro festivo del pueblo pues habían hecho una alianza especialísima con Dios como pueblo de “su propiedad…” y le dedicaban desde música y danzas como ofrendas en el templo de Jerusalén.
La Sagrada Familia participó, en su tiempo, en estas celebraciones para unirse al regocijo de su pueblo.
Unámonos a esta familia tan especial y demos gracias a Dios por tantos beneficios recibidos (Lc 2, 22-24 y 41-42). Jaculatoria apropiada: Celebremos a Dios, con alegría, unidos a nuestra Madre, María.
Segunda consideración: Jesús, sus Apóstoles y discípulos celebraban las fiestas tradicionales de Israel.
En las narraciones que nos ofrecen los evangelistas contemplamos cómo Jesús fue varias veces con sus Apóstoles y discípulos a Jerusalén. Estaban inculturados plenamente en la vida y celebraciones del pueblo elegido por Dios. Unámonos a ellos para celebrarlo (Lc 8, 1-3; Mt 21, 1-11).
Tercera consideración: La Gran Celebración Eucarística de Jesús en su tiempo. María y los Apóstoles, discípulos, herederos y misioneros transmisores de la celebración Eucarística del Señor. Para nuestra alegría y fortalecimiento espiritual, para quedarse entre y con nosotros, como lo prometió, el Señor Jesús instituyó el Sacramento de la Eucaristía para estar en una Pascua permanente entre nosotros. Sus Apóstoles continuaron esta maravillosa tradición. María misma participó en celebraciones eucarísticas de los Apóstoles en que comulgó el cuerpo y sangre del Señor a quien ella había dado vida. Imaginemos el gozo que tuvo en esas ocasiones y el mismo gozo del Señor al estar en su madre. Hoy seguimos celebrando su entrega, amor y sacrificio a favor nuestro y celebramos, también, su glorioso triunfo.
Participemos con Él, somos ahora nada menos que sus invitados, y a un amigo así no se le deja sin responder a la invitación (Lc 22, 7-20).
Cuarta consideración: El pueblo nahua, al que perteneció Juan Diego, en y con sus antiguas celebraciones religiosas, y otros pueblos mesoamericanos, con las suyas, fueron preparando las celebraciones cristianas en estos territorios.
Los ritos que usaron los antiguos mexicas y las variadas etnias vecinas celebraban de muchas maneras, y hasta con sacrificios humanos, al dios sol, al que, según ellos, los llenaba de vida y de regalos.
Establecieron también otras fiestas impresionantes en que todo el pueblo entero celebraba con regocijo los triunfos de sus dioses, los acontecimientos benéficos como la lluvia, la cosecha y hasta los muertos. Cuando llegaron los evangelizadores cristianos encontraron la tierra abonada para que aquellos pueblos y culturas entendieran el amor y la entrega de Cristo por nosotros y así conocieron y aceptaron el sentido de la Cruz, de las imágenes cristianas y tantas cosas más.
Alabemos la providencia divina que así lo dispuso.
Quinta consideración: Los pueblos indígenas, los españoles, los criollos y mestizos del altiplano mexicano celebraron con especiales fiestas la misión Mariana Guadalupana.
Gracias al Acontecimiento Guadalupano, con María como evangelizadora de Jesús y misionera suya, los indígenas comprendieron, en germen, su propia misión: tenían que ser discípulos y misioneros de Jesús y de María. Ante este hecho, los peninsulares, venidos de España, y sus descendientes comprendieron también la misión que Dios les daba y celebraron en grande estos sucesos, como consta en la Historia y el relato del Nican Mopohua(número 197-218).
Démosle gracias a Dios y a María por estos acontecimientos que nos invitan a celebrarlos con todo el corazón.
Textos bíblicos de apoyo: número 6, 22-27; 8, 5-16; 9, 1-5. 1Reyes, 8, 2-13; Hech 6, 1-7; 1Cor 11, 23-28; Heb 9, 1-9; Apoc 19, 1-10; 21, 22-27 y 22, 1-5.
Textos del Documento de Aparecida: 91, 92, 93, 99b; 258 a 265 y 549.
** Para la gloria de Dios y de Santa María de Guadalupe **
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